Esa noche Rose y Tania se quedaron hasta tarde consolándome, haciéndome ver lo que todavía no había visto, que Edward no iba a volver por esa puerta para volver juntos. Que debo seguir con mi vida así como el seguirá con la suya. Después de que se marcharan me fui a dormir con Ethan, el único que me aportaba paz en estos momentos.
Al día siguiente tras haber dejado a Ethan en la guardería me fui a trabajar. La semana pasada terminé de traducir el libro y ahora volvía a la agencia para trabajar como interprete que era lo que realmente me gustaba. Acompañé a un guía por todo Seattle explicando a los turistas, griegos en este caso, la historia que llevaba cada lugar que pisábamos. A media mañana hicimos un descanso para tomarnos un café y paramos en un Starbucks, que era lo más americano que se podían imaginar además de que el Starbucks es originario de Seattle.
Mientras me tomé el café me fijé en la tienda de enfrente. Era una tienda de telas y de ella salía Esme cargada con bolsas. Sin dudarlo crucé la calle para hablar con ella, era la única de la familia con la que no había hablado desde que nos separamos.
-Esme- la salude en tono alegre pero sin ninguna sonrisa en mi rostro.
-Oh, hola Bella- contestó de forma monótona y me dio una rápida mirada para después volver a su tarea de colocar las bolsas en su todoterreno.
-¿Qué tal…. todo?- dije algo cohibida. Esme siempre había sido muy cariñosa conmigo y no me acostumbrba al cambio.
- Bella….- en ese momento finalmente si me miró- no me gustaría tener esta conversación aquí así que porque no me acompañas a mi taller y hablamos las cosas con calma.
-Lo siento pero estoy trabajando- dije levantando la barbilla hacia el grupo de griegos.
-Entonces lo haremos aquí.-simplemente asentí con la cabeza- estoy muy sorprendida y… decepcionada contigo. Creía que tu matrimonio con mi hijo iba viento en popa pero resulta que un día llega Edward con el peor aspecto de su vida y nos dice que se van a separar. Ese día no nos contó el motivo porque, creo que todo seguía demasiado reciente, pero los demás días que venía a dejarnos a Ethan seguía igual Bella y no hay peor cosa para una madre que ver a su hijo sufrir como lo estoy viendo casa día. Tú piensa en ver a Ethan triste todos los días y no poder hacer nada para que vuelva a ser feliz.
-Lo siento.
-Pensaba que estabas enamorada de él.
-Lo estoy.
-A mi no tienes porque mentirme Bella.- dijo mirándome a los ojos- tienes miedo a que te juzgue- no era una pregunta pero si era la absoluta realidad- ya sabes como me siento al respecto, bastante decepcionada. Pero eso no quita que sigues siendo la madre de mi nieto- se giró y continuo metiendo las bolsas al coche así que la agarre del brazo para que me mirase.
-Esme, yo la verdad es que lo siento. Pero no quiero que ninguno de vosotros dudéis de cuanto quiero a Edward no sé porque lo hice ni como lo conseguí porque yo también quiero a Edward, mucho. Y tampoco quiero verle triste.
-Bella tu lo quieres, pero el te ama. Eso deberías a verlo pensado antes, porque ahora es imposible que alguno de nosotros te crea, además Edward ya no es Edward, noto como su confianza ha desaparecido. No confía en sí mismo, y lo que creo que realmente le atormenta es no saber el porqué lo hiciste porque a ojos de los demás y también a ojos suyos lo vuestro estaba bien.
-Estaba bien. Todo estaba bien solo yo lo estropee Edward no hizo nada.
A lo lejos pude ver como mi grupo se levantaba y se volvía a reunir en un círculo alrededor del guía, lo que significaba que debería de seguir trabajando.
-Hazme un favor Bella. Habla las cosas,por su bien. Le debes eso al menos. Asentí- y que te vallan bien las cosas.- dijo de forma rápida forzando así una despedida.
-Adiós Esme, y felicidades por la exposición.
Crucé la calle y volví a mi trabajo hasta las 3 de la tarde que terminó la excursión. Me moría de hambre y paré de camino a casa a comprarme una ensalada.
Por la tarde estaba aburrida en mi sofá, haciendo zapping hasta las 7 de la tarde que llamaron al timbre. Extrañada me abrí la puerta para encontrarme a Edward con Ethan dormido en sus brazos.
-¿Edward, que pasa? ¿Estáis bien?
- Sí, estamos bien tan solo, venía a hablar contigo.
Extrañada me aparte de la puerta para dejarle pasar. Al entrar al salón dejo a Ethan en el sofá y se sentó a su lado mientras se sujetaba el puente de la nariz con la mano izquierda y cerraba los ojos.
-¿Seguro de que estás bien?
-Sí, seguro -aclaró abriendo los ojos rápidamente. – ¿Por qué?
-¿por qué qué?
-¿Por qué lo hiciste? ¿Qué pasaba?, ¿en que falle?- dijo desesperado.
-Edward…
-No tengas miedo a decírmelo Bella, recuerda: el daño ya está hecho.
-No Edward es que tu no fallaste en nada, solo fue mi culpa.
-Pensaba que eras feliz conmigo….., con Ethan…
-Lo era y lo digo siendo- aclaré poniéndome en cuclillas en frente suya.- Edward créeme que tu no me fallaste, tu eres perfecto.
-¿pues si tan perfecto era, porque te fuiste con otro, porque maldita sea? ¿Qué es lo que el tenia que yo no?
-Edward si quieres escuchar la historia te la contaré, con la condición de que no pienses que me has fallado porque tú fuiste el marido que todas queríamos tener de pequeñas, quieres a Ethan, me ayudabas en casa, sabes cocinar, me querías...- me arrepentí de lo último que dije en el mismo momento en el que lo pronuncie.
-Te escucho.- dijo serio.
-Estaba contenta con nuestro matrimonio, era perfecto, pero mi vida de había convertido en ser mama, esposa, ama de casa, a salir por las mañanas a tomar a café con Rose, trabajar y alternar los sábados por la noche.- él me miraba serio sin pronunciar palabra y casi sin pestañear- así que cuando conocí a Laurent, vi una forma de vida totalmente diferente a la que llevaba pero ahora cambiaria todo lo que tengo y todo lo que soy por volver a esa vida.
-No creo que sea tan difícil…tan solo... tendrás que llamarlo.- su mirada había bajado hacia el parqué cubierto por la alfombra. Pero sabía perfectamente que su mirada ahora destilaría tristeza. Lo sujete de la barbilla para que me mirara-
-No esa vida Edward, a la vida que llevaba contigo.- nos quedamos mirando fijamente hasta que tras varios minutos en silencio..
-Me has hecho tanto daño Bella...no te puedes imaginar cuanto. Yo te quería como…como a nada más. Yo te amaba y tu lo rompiste todo, lo has cogido y lo has tirado a la basura- en estos momentos mis lágrimas recorrían mi cara cayendo en el inicio de mis pechos.- y me has dejado- Edward sollozó y supe que él también estaba llorando- me has dejado vacio. Ya no siento nada.
-Perdo…name….- dije llorando a moco tendido y subiendo hasta sentarme en el reposabrazos del sofá a su izquierda. Edward se abrazo a mi cintura y comenzó a llorar en silencio, mientras yo lloraba agachada sobre su cabeza.
Notaba como sus lágrimas mojaban poco a poco mi bata de seda pero notaba aun mas como poco a poco nos rompíamos por dentro. Estuvimos abrazados bastante tiempo hasta que Edward levantó la cabeza hasta quedar a mi misma altura.
-Tú…tú sabes lo que siento, pero…. Pero no puedo perdonarte-
-¿pero si tu… todavía me amas?
-Bella te amo más de lo que puedo razonar.
-Entonces…. ¿por….? Yo nunca pensé en las consecuencias…..-nos quedamos varios minutos en silencio- perdóname.
-No me digas perdóname, Bella tú eras todo para mi, todo. Pero tú me fallaste...
-Yo no soy perfecta, no voy a ser perfecta nunca pero te amo, es lo que quiero que sepas…
-No lo parece. Confiaba en ti más que en nadie en el mundo. Yo lo único que quería era alguien que me pudiese ofrecer verdad, lealtad, fidelidad….
-Perdóname, perdóname….yo trate de buscar el momento adecuado para confesártelo…
-Y cuando iba a ser. En esas vacaciones que planeamos, cuando estuviéramos solos y no te pudiera dejar, cuando no tuviera a nadie en quien apoyarme… ¿cuándo?- expetó enfadado
-Perdón.
-¡¿Cuando?!
-Perdón... Edward perdón. Si pudiese volver atrás lo haría.. pero no puedo y creeme que me encantaría.
-Lo nuestro era mágico, yo no quería a nadie más que a ti.
Nos abrazamos con fuerza, Edward me sujetaba la cabeza agarrándome del pelo y de la cintura.
Sujete la cabeza de Edward con cada mano a un lado para que me mirara mientras le volvía a pedir perdón en susurros, mantuvimos nuestros ojos conectados todo el rato hasta que el bajo la vista para decir entre susurros:
-Te perdono, te perdono Bella.-me despegue de su cuerpo para verle mejor el rostro.
-O sea que eso quiere decir…. Que tú y yo podemos…?
-No. Esto no cambia nada. Te perdono pero lo que teníamos se rompió. Ya no importa nada.
-Espera espera…. ¿Te acuerdas…del día de nuestra boda en Las Vegas? ¿Te acuerdas la promesa que nos hicimos esa tarde en una de las valsas de los canales que imitan a Venecia?
-Sí, claro que me acuerdo, pero eso se acabó, porque tú te acuerdas de que nos prometimos amarnos todos los días de nuestra vida y también nos prometimos fidelidad...
-¡Yo te amo!
-Pero ese sueño se rompió. Aunque nos queda lo más importante de él. Tenemos un niño, un niño que es precioso, que es inteligente, cariñoso… nuestro hijo.
En ese momento comencé a llorar mientras Edward cogía a Ethan con todo el cariño y el cuidado del mundo para después ponerle por encima una manta y salir del piso aun con lágrimas en las mejillas.
Esa noche fue nefasta para mí, no perdí el tiempo ni yéndome a la cama. Directamente me puse a leer, otra afición que había cogido desde que vivo sola, una novela romántica del siglo XX durante la I guerra mundial. No pude evitar comparar nuestra situación con la de los protagonistas de la novela. Si ellos pudieron superar todas las pruebas que se les pusieron en el camino, ¿porque nosotros no?
A la mañana siguiente me levanté a las 9 a la hora justa para llamar a la agencia y avisar de que no iría a trabajar. Mis ánimos no estaban como para atender a nadie sonriendo y fingiendo ser amable. Tenía mucho sueño y lo último que recordaba fue que cerré la novela para ver la tele sobre las 6 de la mañana y supongo que ahí fue cuando me quede dormida.
Por la mañana aproveché para ir al mercado a comprar fruta, verdura, carne, pescado…en fin alimentos frescos, ya que desde hace una semana no comía nada más que pastas y platos precocinados por qué no tenia ánimos de cocinar nada más elaborado. A las 11 fui al hotel Seattle Marriott Waterfront a por mi Martini junto a Rose que desde hacía meses se pedía un donuts y chocolate templado. Hacía tiempo que no nos tomábamos el Martini al que estábamos acostumbradas por diferentes razones. Últimamente Rose estaba muy ocupada viendo casas para vivir en las afueras de Seattle pero que tuvieran rápido acceso al centro para el trabajo de Rose y yo entre que había vuelto a trabajar y los fines de semana los pasaba con Ethan no habíamos tenido tiempo para nosotras.
Nada más llegar, Rose noto mi estado de ánimo era una lectora de sentimientos, en el instituto siempre me pillaba cuando estaba colada por algún chico incluso a veces sin saberlo yo misma. La intente convencer que no pasaba nada pero hablar con Rose cuando está segura de algo es como hablar con una pared, no se rindió hasta que la confesé la charla que tuve ayer con Edward.
-¿Y no me lo pensabas contar?
-Rose no es algo muy agradable de hablar que quieres que te diga, esperaba que dentro de varios días y tras rememorar la conversación varias veces en mi cabeza la situación ya no fuera tan dura.
-Bella, eso no pasa. No contigo y cuando se trata de Edward. Ambos tenéis una gran memoria. Y dudo que a Edward se le haga más llevadera la situación o vuestra conversación de ayer con el paso de los días. Según me cuentas ayer estaba destrozado y hace casi 4 meses que os separasteis.
-4, meses…-susurre para mí misma.
-Sí 4 Bella.
El resto de la conversación la pasamos hablando de su embarazo y todos los problemas que tenía. Estaba harta de coger kilos y retener líquidos, de tener los pies hinchados y una cosa que no la dejaba dormir porque siempre que se tumbaba se ponía a darla patadas.
Estaba viendo la tele cuando tocaron a la puerta. Eran las 3 de la tarde así que no podía ser Edward para traer a Ethan, tampoco podía ser Rosalie porque hoy venían los padres de Emmet a comer a su casa. Así que deje de sacar conclusiones y me levanté para abrir la puerta y encontrarme con un repartidor.
-¿La señora Cullen?- mi nombre de casada me pilló por sorpresa y tardé algo más de lo normal en responder.
-Sí, soy yo.
-Estos documentos son para usted.- dijo entregándome un sobre amarillo mostaza.
-Gracias y buenas tardes.
Cerré la puerta e impaciente abrí el sobre para encontrarme con un primer folio en el que la palabra divorcio estaba en negrita.
Tuve que sentarme para no caerme cuando se me empezó a oscurecer la vista y respirar profundo varias veces. Volví a coger los papeles y los leí completamente.
En su totalidad se hablaba de la separación de bienes y la custodia de Ethan. Al terminar no pude hacer otra cosa más que llorar al darme cuenta de que ya no había un quizás, ni Edward volvería por esa puerta para volver a estar juntos y mucho menos regresaríamos 4 meses en el tiempo. No fue hasta en ese momento en el que me di cuenta de que no solo guardaba esperanzas si no, que me negaba totalmente a aceptar que ya no estábamos juntos y que no existía la posibilidad de volver a tener la vida de antes.
Junto con mi comprensión llegó el dolor. El dolor por haber perdido lo que más quería en mi vida, mi familia y junto a ella todo por lo que había luchado desde que era una niña y quería encontrar a esa persona que te complementa y te ayuda. Lo perdí por intentar juntar a la Bella que iba de juerga en juerga buscando el amor, con la Bella ciega que no se había dado cuenta de que ya lo tenía.
Y lloré, lloré por haber hecho tanto daño a Edward, por haber sido una egoísta el otro día al perderle perdón viendo las cosas desde un punto de vista objetivo, yo no merecía no solo su perdón si no, ni siquiera el cariño que me aportaban mis padres, Emmet y Rose incluso mi hijo. No merecía el cariño de un hijo al cual descuide. Y aún así soy egoísta y quería que mi hijo me quisiese, que no le perdiera jamás.
Como una egoísta fui a recoger a Ethan a la guardería para pasar con él toda la tarde. Primero terminamos de colorear unos dibujos que le habían dado en la guardería, más tarde le preparé la merienda y finalmente terminamos viendo una serie en un canal para niños que a Ethan le fascinaba. Le tenía entre mis brazos y podía ver que no movía ningún musculo casi ni pestañeaba mientras veía la tele. Era tan pequeño… y tendría que crecer con una familia dividida por mi culpa. Se quedó dormido en cuanto le puse una manta encima y media hora después llamaron al telefonillo. Era Edward.
Bajé a Ethan envuelto en la manta como cuando le sacamos del hospital. Edward me esperaba en la entrada del portal con los brazos cruzados.
-Hola- dijo simplemente.
-Ho…hola- contesté mientras le pasaba a Ethan con cuidado de no despertarle.
-¿Pasa algo?- dijo mirándome a los ojos. Edward siempre había sabido todo sobre mí desde mis ojos, en ellos me decía que veía reflejadas mis necesidades, desde un simple abrazo hasta una conversación exhaustiva tumbados en el sillón de la que una vez fue nuestra casa.
-Na…nada- y aunque le volví a mentir y él lo sabía no comentó nada más al respecto. Asintió con la cabeza y se fue en dirección a su coche.
-Edward…- él se volvió inmediatamente frente a mí- mañana tendrás los papeles del divorcio firmados, perdóname otra vez más Edward.- dije mientras me limpiaba una lágrima.
-Dije que no te los enviaran a casa, que los vieras tu misma en el buffet, pero veo que no me hicieron caso.
-Es igual, el resultado es el mismo no importa el lugar.- asintió con la cabeza y volvió a retomar su camino.
-Edward- volvió a su posición anterior- Ethan no ha cenado.-simplemente asintió y volvió a retomar su camino.
Subí las escaleras lentamente hasta llegar a mi piso donde una noche más no pude dormir a causa del llanto. Sentía en el alma todo lo que había pasado pero también añoraba mi vida en familia; el levantarme con Edward la lado, las peleas por ver quien se mete antes a la ducha, los piques con Ethan, llevarlo la guardería, comer en el trabajo, pasar la tarde en casa con Ethan, el casto beso que compartía con Edward todas las noches cuando volvía de trabajar o simplemente estar tardes enteras delante del portátil traduciendo libros sentada en el sofá de una plaza con una camiseta de Edward.
Por todo eso me odiaba y me mataba, pero sabía que ni mi comportamiento ni mi moral habían sido respetuosos con mi matrimonio ni con mi hijo y no merecía el perdón que pedí a Edward.
Perdida en mis errores caí en un sueño profundo del cual fui levantada de madrugada por el sonido del teléfono.
-¿Si?-dije con voz pastosa.
-Bella cielo soy mamá.
-¿Mamá qué pasa?, ¿sabes qué hora es aquí?
-Sí las 4 de la mañana, pero ha pasado algo…
-¿Qué?, ¿papá está bien?
-Sí todo estamos bien físicamente. Solo te llamo para avísate de que iremos mañana a Seattle.
-Oh, ¿y eso?
-Tu padre y yo tenemos que hablar contigo sobre…
- Mamá con Edward las cosas se han acabado y créeme que a la que más la duele es a mí pero…
- No es sobre ti.- dijo seria- llegamos a las tres de la tarde. No nos vallas a buscar.
-De…acuerdo- dije en tono confuso. Acto seguido mi madre colgó dejándome completamente confundida y desvelada.
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