miércoles, 23 de noviembre de 2011

capitulo 10

Capitulo 10

Hoy era la audiencia, el día negro, el día temido, el día del caos. Dentro de dos horas  firmaría los papeles para dejar de ser Isabella Cullen oficialmente y dentro de un escaso mes Edward podría decir que no me había visto en la vida porque no habría nada que lo probara. Bueno si lo había Ethan. Mi bebé, mi vida, mi razón para seguir en pie.

-Bella te he dejado la ropa para hoy encima de la cama. Date prisa, recuerda que debéis estar media hora antes y pasar por el despacho de Jacob- me dijo mi hermana.

Bree llevaba una semana en casa y había animado un poco mi opaca vida desde que jodí las cosas con Edward. Al final solo se quedaría dos semanas, pues me sentía fatal apartarla de su vida, de su marido y aun más después de todo lo que había pasado en su matrimonio últimamente.

Bree me había reorganizado mi vida y muchas veces Rose bromeaba con ella al preguntarle a qué hora podía quedar conmigo en vez de preguntármelo a mí.

Una vez vestida con una falda lápiz de color negro, una camisa blanca de manga larga, abotonada completamente y metida por dentro de la falda lo acompañé con unos zapatos que tenían años pero que parecían casi nuevos. Me los regaló Alice hace tres años por mi cumpleaños y los guardaba con especial cariño.

-Bree no sé a qué hora voy a volver así que por favor recoge a Ethan a la 1 y 30 de la guardería. He dejado comida en un tuper en la primera balda del frigorífico, como postre dale una pieza de fruta de las que están encima de la encimera no de las del frigorífico, ¿de acuerdo? Esas están demasiado frías para él y…- paré de hablar cuando Bree me miró con cara de aburrimiento y de enfado.

-Bella lo sé, después Ethan duerme su siesta de 4 a 5 y para merendar le daré un yogur natural mezclado con uno de fresa mientras vemos la tele. Sé lo que hay que hacer con él pero tú vas a estar aquí para cuando Ethan esté comiendo.

-Lo sé, pero es que… estoy nerviosa- dije retorciéndome las manos.

-No, a mi no me engañas Bella, tú lo que estás es muerta de miedo.

-Dios sí, estoy muerta de miedo…

-Tranquila Bella, recuerda lo que te he dicho. Mantén la calma, no entres en pánico, no llores y no montes ninguna escena, por favor.

-Si puedo lo haré Bree, te lo prometo.

-A mí no me prometas nada, prométetelo a ti misma.

-Adiós Bree- dije abriendo la puerta.

-Hasta luego Bells.

En mis planes iniciales, los que hice anoche porque no podía dormir, debería llegar conduciendo hasta el juzgado. Pero no confiaba en mis nervios y no quería complicar las cosas así que tomé un taxi. Cuando llegué y bajé del taxi mis piernas eran como un flan en el terremoto de Japón. Para empeorar las cosas había una pareja saliendo de él discutiendo por ver qué día se casaban. Unos empezaban y otros terminábamos.

Jacob llegó en ese mismo momento y tras un escueto saludo y una leve sonrisa nos encaminamos hacia un pasillo ancho con altas ventanas y varias sillas en la pared izquierda. Al lado derecho estaban las puertas con el nombre de cada juez en un cartel.

-Nuestra sala es esta, Demetri y Edward estarán a punto de llegar así que ponte cómoda o ve al baño. Aun hay tiempo.

-Iré al baño.

Me encaminé hacia el baño que estaba al final del pasillo bajando unas escaleras mientras mis tacones de 4 centímetros repiqueteaban sobre el suelo de madera. El edificio era antiguo pero el baño era bastante moderno. Al llegar me cerré en uno de los cubículos y me senté sobre la tapa del váter, me puse las manos en la cara y suspire profundamente varias veces, no podía calmarme estaba al borde de las lágrimas pero tampoco quería dejarlas salir y eso me producía un leve dolor en la garganta. Finalmente di un grito y un golpe seco contra la pared de azulejos mientras la impotencia se apoderaba de mí. La cuenta atrás había comenzado, ahora el divorcio era más real que aquella tarde cuando salí de la oficina de Edward empapada en lágrimas y él mismo me dijo que esto sucedería.



Finalmente salí hacía la zona de los lavamanos y me mojé la cara repetidas veces  sin preocuparme de que se me fuera el maquillaje. Tras cinco minutos salí del baño engañándome de estar preparada psicológicamente para lo que se me venía encima.

Esta resolución tan solo duró los tres segundos en los que tarde en abrir la puerta y volver a ver al hombre de mi vida. El entraba al baño de hombres que estaba justamente enfrente del de mujeres. Ambos nos quedamos mirando el uno al otro en un tenso silencio.

Había visto a Edward hace casi un mes pero nunca me había fijado en que había adelgazado bastante, que tenía grandes ojeras bajo sus preciosos ojos verdes los cuales ahora eran de un tono parduzco. Sus mejillas estaban metidas hacia dentro y su pelo… dios se había cortado el pelo al dos.

-Bella… -dijo a media voz.

-Hola Edward- contesté mirando hacia un punto detrás de él a la altura de su pecho. Nos volvimos a quedar en silencio y mi dolor de garganta cada vez se acentuaba más.

-Donde… ¿dónde has dejado a Ethan?- dijo como si fuera un día normal y corriente.

-Está con mi hermana-  él simplemente asintió con la cabeza.

-Bueno me… voy.- dijo dándose la vuelta. Yo asentí con la cabeza totalmente congelada. Mientras veía como se acercaba hasta la puerta que daba al pasillo. De repente la voz de Jacob llegó a mi cabeza ‘’tendrás que aceptar que Edward rehaga su vida con otra mujer’’. Y en ese momento pensé ‘’no puedo’’ así que di los 5 pasos que nos separaban y lo agarré del brazo.

-No, por favor Edward, no…no…no- dije mientras mis lágrimas se derramaban fácilmente.

Alcé la cabeza para verle y  me encontré con sus ojos cristalizados mirándome fijamente y a lo mejor era mi imaginación pero ahora eran de un verde oscuro profundo.

-Perdóname Edward, por favor perdóname. No, no lo hagamos…

-Bella…- susurró mientras se ponía frente a mí completamente.

-Por favor…- susurré- no puedo, no puedo seguir sin ti. No funciono te echo de menos… y te necesito.

-Bella no hagas….- dijo con voz contenida-… las cosas más difíciles. Por favor.

-Edward no… no demos este paso te lo… te lo suplico por favor. Dame una sola oportunidad, una sola… por favor.

Como respuesta obtuve un largo suspiro y sus manos me agarraron por mis hombros. Poco a poco fue acercándose a mí hasta que mi cabeza estuvo apoyada completamente sobre su pecho  y sus brazos rodeaban mi cuello por completo.

Estando tan cerca de él pude respirar su  olor con el cual hace casi cinco meses me dormía y me despertaba. Poco a poco me fui calmando aunque las lágrimas seguían bañando mi cara y mojando su camiseta gris. No sabía exactamente qué estaba pasando. Podría ser que Edward hubiera aceptado mis disculpas y estuviera dispuesto a aceptar mi proposición o simplemente le daba pena.

-No puedo Bella, no puedo.- dijo con su boca a milímetros de mi oído.- y no sabes los difícil que es, porque sí que quiero, dios no sabes cuánto quiero que cuando vuelva a casa tu estés en la cocina preparando la cena, que compartamos juegos con Ethan los viernes por la tarde, no dormir solo…

Por imposible que pareciera mis lágrimas volvieron a saltar más rápido y Edward me acercó completamente a él. Ahora nuestros  cuerpos estaban completamente pegados y la mano de Edward estaba en mi cabeza.

-Yo también extraño eso…- musite.

-No nos hagas esto Bella, nunca podremos volver a estar juntos… nunca.- mientras yo seguía llorando Edward cada vez me apretaba más contra él casi dejándome sin respirar pero yo no iba a quejarme. Quizás esta fuera la última vez que estuviésemos así.- solo nos haríamos daño y yo creo que hemos sufrido bastante.- acto seguido Edward se separó de mí soltándome poco a poco, me dio un beso en la frente a modo de despedida y salió hacía el pasillo.

Yo volví hacía el baño para volver a limpiarme la cara y me obligué a tranquilizarme al menos la siguiente hora en la cual Edward saldría de mi vida por completo.

Cuando estuve más o menos calmada salí hacia el pasillo para encontrarme a Jacob con el ceño fruncido.

-Vamos Bella que se nos hace tarde, llevas ahí dentro casi media hora.- yo no contesté nada mientras llegábamos a la nuestra sala correspondiente- ¿has estado hablando con Edward verdad?- en ese instante alcé la cabeza para verle sorprendida.

-¿Cómo lo sabes?-

-Acaba de pasar con la cabeza gacha y ha salido a fumar.

-Solo hemos aclarado unas cuantas cosas sobre Ethan.

-Lo que tú digas- dijo en un susurro mientras entrábamos en la sala en la cual había una gran mesa con ventanales detrás que daban a un patio interior. Estaba el juez en  la cabecera de la mesa y a un lado Demetri y nosotros enfrente. Nada más sentarnos entró Edward que se sentó frente a mí.

-Bien comencemos- dijo el juez.

Al principio solo hablaron nuestros abogados acordando las clausulas que venían en el contrato de divorcio mientras Edward  y yo estábamos callados escuchando atentamente mirándonos a los ojos.

-Señorita Swan, aquí pone que usted renuncia a todos los bienes materiales compartidos en su matrimonio, ¿no es así?

-Efectivamente.- Edward abrió la boca para protestar pero su abogado le dijo algo al oído a lo que él contestó con un ‘no me importa en absoluto’.

-Creo que uno de los coches deberías quedártelo y también algunos muebles. El cuadro de la escalera por ejemplo, lo compraste tú así que creo que deberías quedártelo.

-No necesito nada material.- insistí. Realmente lo que no quería era nada que me recordase a cada momento a Edward. No podría poner el cuadro de la escalera en mi salón porque uno: no cabe y dos: no podría verlo todos los días pensando en donde debería estar colgado.

-Bella por favor…- dijo mirándome intensamente- al menos uno de los coches el que quieras, el audi o el volvo- me quede petrificada, el volvo era la  tercera cosa que más quería Edward. Lo tenía desde antes de conocernos y lo cuidaba tanto que lo tenía nuevo.

-Insisto, no me hace falta.

-Bella, por favor. Hazlo por Ethan, cuando lo vayas a llevar a la guardería o dentro de poco al colegio, mejor llevarlo en coche que en transporte público.

-Edward gracias, pero ya tengo un coche. Es de segunda mano pero esta casi nuevo y tranquilo que es muy seguro.

Al parecer con eso Edward dejó de insistir pero es que realmente no me gustaría conducir yo sola un coche que casi siempre conducía Edward.

-Bueno y con eso es todo o ¿se les ofrece algo más?

Nos quedamos mirando fijamente un largo rato en el cual veía lo que antes me había dicho Edward. Él no quería separarse pero  también vi mucho dolor y al igual que yo ambos estamos tan rotos que no sabíamos que iba a ser de nosotros ahora.

-Bueno yo… si no te importa Edward me gustaría pasar por… la casa para coger algunos recuerdos y ropa que deje allí.

Edward me miró de forma sombría pero realmente no entendía muy bien el por qué.

-Por supuesto, pásate la semana que viene.

Nos quedamos en silencio hasta el juez nos interrumpió con las palabras que ninguno de los dos queríamos escuchar.

-Entonces solo queda la firma de los documentos y todo habrá acabado.

‘’crash’’ juro que oí como el corazón se rompía y mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas. Miré a Edward el cual también tenía lágrimas pero me apartó la mirada para recomponerse.

Nuestros abogados nos pasaron varios folios impresos unidos por unas grapas. Jacob me indicó donde firmar en cada una de las hojas y me ofreció un bolígrafo, el cual cogí con decisión pero que a medida que se acercaba al papel parecía que había perdido las fuerzas en mis manos hasta que finalmente el bolígrafo cayó sobre la mesa y todos me miraron fijamente. Pero yo solo me fijé en la mirada de Edward la cual sabía perfectamente que me estaba viendo el alma a través de ellos.

Después de varios segundos de suspense Edward bajó la mano para firmar bajo mi atenta mirada pero vaciló un poco, una cosa muy poco común en él puesto que sí era indeciso para tomar una decisión pero en cuando la tomaba la seguía sin cuestionarse nada.

Finalmente volvió a mirarme rápidamente y firmó a la velocidad de la luz los 6 folios. Acto seguido yo hice lo mismo pero sin prisas dejando todo mi amor en el borrajetón de tinta del bolígrafo. Entregamos los documentos al juez y este nos informó de que al tratarse de un divorcio sencillo estaríamos oficialmente divorciados dentro de un mes y se nos informaría por carta.

Nuestros abogados se dieron la mano junto con el juez.

-Adiós Edward.- dije. No lo pronuncié de forma diferente a otras veces pero para mí sentía que era el adiós definitivo. Y tenía una presión en el pecho porque sabía que no iba a verle tan seguido como antes puesto que se había puesto a una persona como intermediaria entre él y yo. Así que solo me lo encontraría los días que tuviera suerte.

-Adiós Bella.- él no esperó a que nuestros abogados terminasen de hablar, salió disparado hacia afuera mientras yo esperaba a Jacob.

-Ha ido todo muy bien Bella- intentó animarme.

-¿Cómo va a ir bien si me he divorciado del único hombre al que voy a querer en toda mi vida, al padre de mi hijo?

-Bella, piensa que podría haber sido peor si Edward hubiera decidido que no quería compartir la custodia.- un estremecimiento me recorrió el cuerpo por tres cosas:

* Si Ethan no estuviese conmigo, yo no sabría vivir.

* acabábamos de salir a la calle y era pleno Octubre, en Seattle caía una leve llovizna mojando todo poco a poco.

* a la salida, entre las columnas y el techo del juzgado estaban, Alice, Jasper, Esme y Rose con su enorme barriga, rodeando a Edward el cual estaba abrazado a Esme dándome la espalda y con la cabeza en su hombro mientras Alice le frotaba la espalda y Jasper le transmitía su apoyo con una mano sobre su hombro. Rose hablaba con él que estaba colocada detrás de Esme y enfrente de Edward.

Cuando salí junto a Jacob Alice se me quedó mirando de manera fría y dura y paró de frotarle la espalda a Edward, Jasper me miró negando levemente con la cabeza, Esme cerró los ojos para no verme y puso una mano sobre la cabeza de su hijo. Rose me miro con gesto neutral y se acercó poco a poco a donde me encontraba.

Antes de que llegara Rosalie, Edward se dio la vuelta y me vio pero llevaba unas gafas de sol que ocultaban sus ojos aunque por los espasmos que sufría antes pondría la mano en el fuego diciendo que estaba llorando.

Rose llegó hacia mí y la abracé lo más fuerte que pude debido a su barriga y yo también comencé a llorar. Me susurró un ‘’vamos’’ y con una mano en mis riñones me guió hacia un taxi parado justo enfrente.

En el taxi no pude controlarme más y abrazada a Rosalie comencé a llorar sin parar hasta llegar a mi casa. Rosalie fue la que se encargó de abrir la puerta ya que yo temblaba tanto que me era imposible encajar la llave en la cerradura.

Lloré por mucho tiempo abrazada a Rose y a Bree. Al menos Ethan estaba durmiendo la siesta y no me vio. Cuando me calmé me obligaron a comerme una sopa y un filete de poyo el cual di tan solo dos pinchadas y lo aparté.

-¿Rose?

-¿Si?

-¿Qué ha pasado justo cuando yo salía del juzgado?- Rose miró hacia otro lado, supongo que para ganar tiempo. Yo sabía perfectamente que había pasado pero quería que ella me lo contara.

-Edward salió totalmente roto del juzgado y Alice fue corriendo hacia él seguida por Jasper y Esme. Al principio abrazó a Alice y palmeó a Jasper en el hombro pero cuando abrazó a Esme rompió en llanto. Nos asustó a todos y fuimos a consolarle.- suponía una escena así y me dolía que Edward sufriera de esa manera. Debe de ser muy duro para su familia verlo en ese estado, pues ni si quiera yo misma lo había visto llorar más de dos veces en nuestro matrimonio. Solo lloró cuando nació Ethan y fueron dos lágrimas de felicidad.

-¿Y antes de eso?

-Bella no sé a qué te refieres- dijo Rose haciéndose la loca.

-Rose si lo sabes. ¿Que han dicho de mí?

Rose resoplo y me miró de frente.

-Alice no quiere ni verte, para ella has destruido su familia y también la duele haberte perdido como amiga. Esme no quiere tener nada más contigo que una relación cordial porque eres la madre de su nieto y Jasper está profundamente decepcionado y dolido porque Edward no se merece sufrir así y te veía como una hermana.

Eso me lo imaginaba, pero es diferente de imaginártelo a oírlo de verdad. Solté algunas lágrimas pero no quise volver a perder el control porque escuché como Ethan se levantaba y corría hacía mí tirándose en mi pecho y cortándome la respiración por un segundo.

-¡Mami, mami!- gritó

-¿Qué pasa mi amor?- dije sentándolo en mi regazo y sonriendo por primera vez en todo el día.

Esa noche Ethan se quedó a dormir en mi piso junto con mi hermana y estuvimos jugando hasta altas horas de la noche. Esa era mi nueva vida, mi hijo, mi hermana, Rose, mi cuñado, Emmet, los compañeros del trabajo y mi trabajo.

EDWARD PVO

Ese había sido con mucha diferencia en peor día de mi vida.  Me había quedado dormido debido a que me pase toda la noche pensando en lo que iba  a pasar  hoy.

Nada más entrar al juzgado me encontré con Jacob, estuve hablando un rato con él y con Demetri sobre temas insustanciales que no nos metían a ninguna de por medio. Luego fui al baño y antes de entrar la puerta del baño de mujeres se abrió dejándome ver a una Bella rota, muy desmejorada, demasiado delgada y con el pelo estropajoso.

Al principio no supe cómo reaccionar, en ese momento ella era mi mujer y la madre de mi hijo y dentro de unas horas solo sería la madre de mi hijo que podría no verla si no quisiese durante una larga temporada. Es más lo estipule así en el documento del divorcio para evitar el dolor que me produce verla cada vez que tengo que ir a recoger a Ethan.

Cuando la tensión no podía ser mayor todo estalló. Me pidió, me suplicó que no nos divorciáramos, yo me estaba rompiendo por aguantarme con la boca cerrada y no decirle que si por mi fuese jamás se habría ido de casa y también me estaba muriendo de ganas por tocarla. Cuando la tuve en mi pecho fue….fue como poner un parche, como retroceder cinco meses atrás. Eso solo duró hasta que la razón llegó de nuevo a mí.

Según la estaba abrazando sentí una mezcla de repulsión y dolor. Repulsión porque otro hombre había tocado lo mismo que estaba tocando yo y  mucho más con la gran diferencia de que yo estaba en todo mi derecho de hacerlo. Y dolor, porque gracias a  eso mi  vida se había destruido por completo, antes tenía un eje que era mi familia. Ahora ya no sé dónde está el eje de mi vida, el sur o el norte. Tan solo tenía conocimiento de que el centro de mi vida era mi hijo.

Luego en la sala con ella frente a mí no paraban de resonar sus palabras en mi cabeza. Me sería tan fácil cogerla en brazos y llevarla a casa, volver a ser una familia… eso era lo fácil. Lo difícil era ir al trabajo y pensar que ella está en casa o trabajando, que nunca iba a volver a engañarme, confiar en ella era lo difícil. Y sabía que no podía, no podía olvidarme el dolor por el que he pasado estos meses y sigo pasando. Jamás podría perdonarla el haber destrozado mi vida, jamás, por mucho que la ame.

Lo que fue otro duro golpe fue el que ella no quisiera nada material que habíamos compartido o que era de ella. Eso me jodió, me dolió. ¿Es qué acaso ella no quería nada de lo que habíamos compartido ambos? Y también me ‘’molestó’’ el que ella pidiera su ropa.

Estos últimos meses lo único que me quedaba de ella en casa eran fotos y su ropa. Siempre me llevaba alguna prenda suya a la cama para poder dormir. Ahora ya no me  quedaría nada.

A la hora de firmar fue la cosa más complicada que he hecho nunca, firmar el divorcio o lo que es lo mismo decir que no la quiero en mi vida bajo su atenta mirada fue devastador.

A la salida me esperaba mi familia y Rose en un avanzado estado de embarazo. Alice me apoyaba y se sentía furiosa lo sabía, mi madre no decía nada puesto que el verme así estaba seguro de que la mataba tanto como a mí y Jasper… a Jasper le dolía todo lo que me pasaba como si le pasase a él, no por nada tuvimos que estudiar en la misma universidad al no poder estar separados.

Rosalie me apoyaba de forma imparcial,  era la única que conocía las dos caras de la moneda. Conocía el dolor de Bella y el mío.

Bella no estaba en mejores condiciones que yo, cuando la vi salir del juzgado y ser llevada por Rose uno de los trozos en los que estaba dividido se rompió en otro en muchos trocitos.

Esa noche por exigencia de mis padres, mi hermano y mi cuñada me quedé a dormir con ellos en mi antigua habitación. Quizás fuese necesario alejarme del ambiente que había compartido con Bella pero no era capaz.

Esa noche estuvo llena de pesadillas y me costó dormirme horas. A la mañana siguiente cuando me vestí y me puse la cazadora para ir a casa encontré la solución a muchos de mis problemas. La tarjeta de la psicóloga que me había recomendado Alice. La llamé y me atendió un contestador automático con voz impersonal. Pedí cita para esa misma semana el viernes a medio día.


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