Diciembre, navidad, fecha familiar, amor… en Diciembre las calles se visten de adornos ya sean árboles de navidad, papás noeles, pegatinas en los cristales y por supuesto gente por todos lados comprando los regalos.
El año pasado Edward se empeñó en comprar un árbol más grande de lo que acostumbrábamos. Midió 3 metros y lo tuvimos que poner en el recibidor porque en el salón no entraba.
Ethan no cabía en sí mismo por su alegría al decorar el árbol con bolas de colores, luces, figuritas y por supuesto la estrella con purpurina plateada que había hecho en el colegio. Este año iba a tener dos árboles de navidad, pero el de mi piso medía un metro y medio ya que solo le había comprado para que Ethan le decorara.
Con Edward no había vuelto a tener ningún contacto. Rose me pidió perdón por haber dejado que la situación hubiese llegado hasta tales extremos. Ella no tenía la culpa de nada, en todo caso de que la familia de Emmett haga unos vinos tan buenos, que entran solos.
El viernes decoré junto a Ethan el pequeño árbol de mi casa y como era tradición hice galletas de jengibre con diferentes formas y con glaseado de colores. A Ethan le encantaban y eran el snack favorito de Edward. Una vez se comió prácticamente la bandeja entera mientras veía la tele, lo que trajo como consecuencia el enfado de nuestro bebé.
Bree me había llamado esta mañana para terminar de atar los cabos sueltos de mi viaje a Minneapolis donde pasaría la navidad. Y ahora estaba haciendo la maleta mientras que Ethan pintaba dibujos navideños para ponerlos en las ventanas.
Mi vuelo salía esta madrugada, llegaría a Minneapolis a primera hora de la mañana y Diego iría a recogerme al aeropuerto. Rosalie había insistido en que fuese a su casa varias veces creándome un come come* en la cabeza.
Por un lado me sentía reticente a pasar la navidad en otro sitio que no fuese Seattle ya que la navidad era para pasarla con las personas a quien más quieres y las razones de mi vida se encontraban aquí, aunque una de ellas me odiase y hubiese encontrado a otra que realmente le daba todo el amor que él podía llegar a dar.
Por otro lado no quería quedarme sola en navidad recordando los años anteriores, puesto que aunque Rose me había invitado a su casa yo no pintaba nada allí. Iba a estar toda su familia y la de Emmett, que este año cenaban en su casa para estrenarla y porque de este modo era más fácil para Rose con Hayden siendo tan pequeña.
Terminé de hacer la maleta y bajé para terminar de pintar unos dibujos con mi hijo. La señora de los servicios sociales vendría a recogerle dentro de escasamente una hora y no volvería a verlo hasta el día 27 que volviese a Seattle.
Estuvimos pintando muchos folios con dibujos navideños y luego pusimos algunos en las ventanas que daban a la calle y en el frigorífico reservando algunos para que los pusiese en casa de Edward. Lo que más le gustó fue rellenar con espuma unas plantillas con motivos navideños también para las ventanas.
Antes de lo que me gustaría el timbre sonó indicando el fin de la estancia de Ethan conmigo. Felicité la navidad a la señora y a mi pequeño prometiéndole llamarle el día 25 por la mañana e intentando disipar los nervios por la visita de Papá Noel diciéndole que había sido un niño excelente y que tendría muchos regalos. Y realmente si había un niño que se merecía regalos por buen comportamiento, era Ethan. El pobre estaba pasando por las cosas más difíciles de su corta vida y nunca perdía la sonrisa. Antes de irse le di una bandeja de galletas a la señora en muestra de agradecimiento por cuidar a Ethan en la duración del trayecto de casa de Edward hasta aquí y viceversa y otra a Ethan.
Sería una cosa tonta pero las galletas iban a ser lo único normal en navidad dentro de esa casa, iba a ser la única cosa que se iba a mantener del mismo modo que en años anteriores. Y sentía que haciendo eso aún tenía un lazo de unión con Edward.
Me fui a dormir no sin antes derramar algunas lágrimas. Ya no solo por el desastre que era mi vida familiar sino por mis padres. Sabía que en cuanto pusiese un pie en casa de Bree iba a tener una conversación inevitable con ellos pero por extraño que pareciera me apetecía estar con ellos. Quizás sea por que como dicen, el tiempo lo cura todo. Y viendo las cosas desde un punto de vista más objetivo debería estar agradecida por haber crecido en una familia con unos cimientos inestables y en medio de un matrimonio sin amor porque de todas formas mis padres me habían hecho feliz, me habían dado una buena educación y solo se casaron pensando en mi bienestar y no por mi causa.
Antes de darme cuenta estaba en un avión a miles de metros de altura y escuchando mi ipod concretamente la canción de train; Shake up Christmas.
-¡Bella!- un gritó desde la columna amarilla del aeropuerto más cercana me llegó y cuando levanté la mirada una sonrisa se instauro en mi cara.
-¡Madre mía Bree no bromeaba!- dijo en tono de mofa.
-¿Sobre qué?- pregunté confundida.
-Sobre que estás hecha una pena- me dejó un poco noqueada. Me acababa de decir que estaba hecha una mierda, aun que no con esas palabras, como si me hubiese dicho ‘’feliz navidad’’.
-Gracias Diego estoy encantada de volver a verte y feliz navidad para ti también.- dije entre sarcasmo y mala uva. Pero no podía quitarle la razón a su comentario ya que desde que jodí mi vida había bajado de peso, las puntas de mi pelo parecían puntas de paja, no me maquillaba y mucho menos me vestía con ese estilo casual chic que me había acompañado siempre. Ahora mismo no tenía ningún motivo para hacerlo.
-Sabes que me alegro de verte aunque tengas cara de chupar limones.- dijo abrazándome.
En el trayecto a casa hubo momentos para todo. Al principio fueron risas cuando me empezó a tomar el pelo preguntando si mi falta de sentido del humor era a causa de que había dejado de fumar. Más tarde fue el tema de mis padres lo cual me confirmó lo que ya me veía venir; Charlie venía a cenar mañana y René a comer el día de navidad. Terminamos hablando del accidente de Bree y su pérdida a lo que sorprendentemente respondió con una sonrisa y un sencillo ‘’ tendremos más’’.
Por la ventanilla del coche pude observar que un manto de nieve cubría la ciudad, y es que en Minneapolis la nieve era como la lluvia en Seattle, indispensable.

-Hermanita, que bien que ya estás aquí. Ahora se respira un ambiente más… familiar.
-Te veo genial Bree y ¿ese olor?, ¿es nuestra cena de mañana?- dije mirando por encima de su hombro.
-No es la comida de hoy. La cena de mañana me vas a ayudar a prepararla tú, así que mañana por la mañana te levantarás temprano y a cocinar.
-Sabes que para mí cocinar no es un castigo. Es más, gracias a que estoy yo aquí tendremos cena de navidad cocinada y no calcinada- Bree quemó el pavo de acción de gracias dos años seguidos cuando todavía vivíamos con nuestros padres.
-Chicas me he perdido- dijo Diego rascándose la nuca. Le hicimos caso omiso y seguimos hablando de nuestras cosas hasta que finalmente oímos un ‘’me voy a dar un paseo al perro’’.
Estuvimos en la cocina mientras que informaba a Bree más detalladamente que por teléfono, cómo había sido mi vida desde que ella se fue, mientras ella cocinaba.
Comimos muy a gusto hasta que estuvimos satisfechos, había un aura en casa de Bree que me hacía sentirme como si estuviese completa. Como si estuviese al lado de Edward y Ethan estuviese jugando por ahí cerca, me sentía tranquila y plena. Una sensación que había sido muy escasa estos meses. Durante toda la comida todo eran sonrisas y confidencias entre Bree y Diego lo que me hizo sentirme un poco fuera de lugar en determinadas ocasiones.
Por la tarde Bree y yo vimos una comedia romántica de navidad, típico, en el mismo sofá y compartiendo manta. Por la noche vinieron unos amigos de mi hermana y su cuñado, los cuales eran muy agradables y graciosos hasta que salió la pregunta negra.
-¿Y tú Bella?, ¿estás casada?- me preguntó Julie con un marcado acento italiano.
Vi como Bree y Diego se tensaban e incluso Bree iba a interceder por mí pero respondí antes de eso.
-Estoy divorciada desde hace 6 meses y tengo un hijo de 3 años llamado Ethan.
-Oh, 3 añitos vaya… yo tengo uno de 17 pero hace su vida por su parte.
-¿Vaya tienes un hijo tan mayor?- le pregunté. Esa mujer tan solo aparentaba tener unos años más que yo quizás 35, 36…
-Lo tuve a los 23.- dijo contestándome a la siguiente pregunta que se iba a formular en mi cabeza.
Más tarde esa noche mientras los hombres fumaban fuera y Bree estaba en el baño, Julie se acercó doblando el mantel hacia a mí mientras que colocaba los platos en el lavavajillas.
-¿Y por qué te divorciaste?- la mire impresionada pues había contestado esa pregunta varias veces ya pero nunca me la habían formulado de forma tan directa- discúlpame no pretendo meterme en las cosas en las que no me llaman.
-No, tranquila. Fue por mí, por buscar cosas que no eran necesarias fuera del matrimonio.- Julie reaccionó de forma extraña en vez de darme su compasión o mirarme de forma fría y ponzoñosa se quedó aletargada y de repente me miró como si hubiese hecho algo bueno por ella.
-Sé cómo te sientes. Yo estuve igual que tú hace bastantes años.
-¿Qué? Pero si… con Andrew parece que sois… recién casados.- Julie soltó una risilla que solo tenía significado para ella.
-De alguna forma lo estamos, nos casamos hace 20 años en una ceremonia religiosa con toda la familia…etc. Pero a los 7 años de matrimonio me encontré con una amiga del instituto. Comenzamos a quedar y poco a poco me introdujo en su mundo, drogas, sexo con otras personas, alcohol….- dijo con la mirada perdida en los recuerdos de 20 años atrás- por aquellos entonces nuestro hijo tenía 4 años y ese no es el ejemplo que una madre debería dar. Un día Andrew se enteró de todo, aún no me explico cómo no se dio cuenta antes, y me echó de casa. Nos divorciamos y estuvimos separados 4 años pero al final supimos volver a encauzar nuestras vidas y nos hemos vuelto a casar hace 9 años y hace 4 meses renovamos los votos en unas vacaciones.
-¿Y qué pasó para que volvierais a estar juntos?- ella se giró mirando hacia el balcón donde su marido fumaba una faria y como si se hubiese dado cuenta de la mirada de su esposa se giró y la giñó un ojo.
-Pasó que mi marido es un ángel el cual no merezco. Hubo un momento después de haber perdido todo en que toque fondo, me apoyé en una vecina la cual me ayudó a internarme por voluntad propia en un centro de intoxicación y allí me obligué a madurar descubriendo que continuaba teniendo resquicios de la adolescencia en la cabeza. Y bueno un día, después del cumpleaños de nuestro hijo me sentí lo suficientemente madura y preparada para enfrentarle y pedirle perdón sinceramente por dañarle de esa forma. Después de eso volvimos a ser amigos y a recobrar la confianza, hasta que un día me lancé al vacio y lo besé. Al principio ni se inmutó, pero más tarde fue él quien me devolvió en beso y desde entonces ha sido una continua luna de miel.
-Oh vaya. Eso es que os tenéis un profundo amor el uno al otro capaz de aguantar grandes pesos.
-Bella no te rindas, tu falta fue grave pero la mía lo fue más. Haz un examen a tu persona y corrígete para evitar dañar a las personas que te quieren. El error lo sufren todos pero es solo tuyo por lo cual solo tú debes solucionarlo.
-Muchas gracias por compartirlo conmigo. Es muy personal.
-Es una historia muy bonita pero desgraciadamente es debido al dolor que tuvimos que sufrir ambos. Aunque no todo es felicidad. Siempre hay algo de desconfianza, es más siempre la habrá. Es mi condena por lo que hice, pero una buena charla a tiempo hace milagros.
Después de que se fueran Julie y Andrew me subí a dormir con una pregunta en mi mente. ¿Tendríamos Edward y yo otra oportunidad?
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Al día siguiente una alterada Bree me despertó a las ocho de la mañana para ir al mercado a comprar las cosas de última hora para la cena. Parecía una niña de seis años emocionada por que iba a venir Papá Noel, no una mujer hecha y derecha de 29 años.
Compramos lo necesario para las ensaladas, varias botellas de vino, algunas de champán y fresas con chocolate. Lo último un capricho de Bree que se comió en el coche, incluso antes de llegar a casa.
Nos pasamos toda la tarde cocinando. Bree se encargó principalmente de la ternera asada, que iba a ser el plato principal, mientras que yo me dedicaba a los entremeses. Preparé canapés de queso de untar con salmón, de queso azul con miel, de huevo duro laminado con salsa rosa y decorado con almendras machacadas, que daban un toque crujiente cuando te los introducías en la boca, y un sinfín de platos con jamón, foie de pato, queso… había comida como para diez personas y solo éramos cuatro hasta donde yo sabía.
Comimos un par de sándwiches entre vuelta y vuelta al asado y bandejas de canapés. Finalmente ambas hicimos un sorbete de limón muy espumoso que reservamos en el congelador para tomarlo bien frío a modo de postre. Yo hubiese preparado algo más elaborado para el postre pero Bree me tranquilizó diciendo que había una bandeja bien surtida de dulces navideños por si alguien se quedaba con hambre.
Estaba ayudando a limpiar la cocina a Bree cuando llegó Diego con un ramo de rosas color crema con un suave toque rosado y yo salí de la cocina con la escusa de arreglarme.
Me tomé mi tiempo en la ducha relajando mis músculos, los cuales acumulaban una gran tensión, bajo el agua caliente y por un momento no pude evitar que una imagen se colase en mi cabeza traspasando todos los muros que me había impuesto anoche para que hoy fuese perfecto para mi familia.
El año pasado todos cenamos en casa de Esme y Carlisle. Esme adoraba cocinar y preparó un banquete del cual se podía alimentar una familia por un día tomando tan solo las sobras. Para Ethan preparó unas patatas baby, algo blando que sus dientes pudiesen masticar sin dificultad. Aquella noche cenamos entre risas y miradas cómplices entre las parejas y con la música de una gala que se retransmitía por televisión como sonido de fondo. Después de la cena los hombres subieron al despacho de Carlisle a fumar un puro y jugar a las cartas mientras que nosotras bebíamos como cosacas, al menos Alice y yo. Esme se entretenía poniendo el lavavajillas y cuando se nos unió ya llevábamos unos cuantos gin tonics.
Estaba poniéndome la última horquilla que sujetaba mi recogido en forma de cascada cuando sonó el timbre. Sabía quién era, por lo tanto los nervios que me producían esa sensación de inquietud en el estómago se debían seguramente a la impaciencia por ver a mi padre tras muchos meses separados sin tan siquiera compartir una conversación.
Bajé despacio por las escaleras debido al vestido en tono nude y a los zapatos del mismo color pero con doce centímetros de tacón. Al llegar al último escalón levanté la vista, la cual miraba al suelo para no tropezarme, y me encontré con la mirada de mi padre.
No estaba como esperaba verle, no estaba como siempre. Se le veía mucho más joven a mis ojos. ¿Se había teñido el pelo?, ¿había adelgazado? Cuando nuestros ojos se encontraron vi que los suyos tenían un brillo particular, el brillo que producen las lágrimas justo antes de derramarse. Pero no pude observarle mucho más tiempo porque acorté el espacio que nos separaba y le abracé.
Mi padre me abrazó muy fuerte y levantándome varios centímetros del suelo. Me besó el pelo y me separó para poderme observar bien.
-Lo siento papá- dije dejando caer una lágrima que mi padre retiró antes de que llegara a mi mejilla.
-No pasa nada Bells, este no es tu momento más fácil.- otra lágrima se derramó de mi ojo en ese momento. Sin embargo esta recorrió todo mi rostro hasta caer en la moqueta color crema de mi hermana- venga vamos a cenar y en mientras me cuentas como esta mi nieto.
Le conté más de talles de mi vida que de la de Ethan, pero no nombró a Edward en ningún momento y de cierta forma lo agradecí. Eso me ayudaba a cumplir mi promesa de no estar triste esta noche. Mi padre me contó que tenía una amiga, pero solo amiga. Insistió en esta pequeña aclaración durante cinco minutos para que no pensase cosas que no eran. Se llamaba Sue y cada uno cuidaba del otro a su manera. Me alegré por mi padre, él también tenía derecho a ser feliz, e incluso le insté a que me la presentara antes de que me volviese a ir a Seattle. Accedió no muy convencido diciendo que no era tan importante como para hacer presentaciones formales y que podría ir a su casa, mi casa hasta los 18 años, cuando quisiese y seguramente la vería. Quedé que comería con él, el día 26 antes de que me fuera.
¿Pero sería bueno o malo?
Junto a Bree me levanté a por él sorbete de limón que estaba servido en copas, y Bree cogió tres de ellas en un estado, ¿como de coma de felicidad? La pregunté si llevábamos la jarra con el resto del sorbete y no me contestó. Se limitó a salir de la cocina con una sonrisa boba en la cara. Al llegar al salón mi padre me miró pidiendo una explicación por el comportamiento de la pareja feliz pero le hice un gesto con los hombros indicando que sabía tan poco como él.
-¡Bueno ya está bien! - espetó mi padre- es verdad que es navidad y que el amor y la felicidad nos invaden por completo pero lo vuestro raya lo absurdo.
Bree y Diego se miraron y se empezaron a reír, en ese momento se me pasó por la cabeza si se habían fumado un porro o si se les había subido el vino a la cabeza pero vi que la copa de Bree estaba llena de agua como durante el resto de la cena.
-Creo que me voy a ir a fuera a llamar a mi hijo- dije levantándome de la silla.
-¡No! No te vayas- ambos se levantaron de la mesa y Diego se situó detrás de Bree posando sus manos en su abdomen. Contuve la respiración tras un jadeo y Bree me miró asintiendo.
-¡Estoy embarazada de nuevo!- gritó Bree.
Me desplacé inmediatamente al lado de Bree y de mi cuñado felicitándoles. Mi padre tardó un poco más pero finalmente estaba casi más feliz que los propios futuros papás.
Tras las felicitaciones y un brindis por el nuevo miembro a la familia Garber, apellido de Diego, mi padre y yo salimos al porche pero con abrigos porque la temperatura era más de menos cero grados. Mi padre fumaba un puro y yo un cigarro. Solo fumaba en fechas muy destacadas ya que a Edward no le gustaba besar a un cenicero como me solía decir.
-¿Y…qué tal están las cosas por Seattle?- preguntó con doble sentido. Ambos mirábamos hacia el frente, observando las luces de los vecinos de mi hermana. Sabía que estaba preguntándome por Edward pero no lo hacía directamente por miedo a mi reacción. Decidí jugar un poco con él evitando su pregunta oculta y respondiendo a la que había dicho en voz alta.
-Muy bien hace tres meses Rose tuvo una niña, se llama Hayden y es preciosa. Es pura Rosalie pero con el apetito de Emmett cualquier día va a dejar seca a Rose.
Mi padre conocía a Rose desde que llevaba pañales, sus padres también viven en Minneapolis y habíamos crecido juntas. Solo nos separamos cuando fuimos a la universidad y nos veíamos cada mes.
-Sí lo sé Allyson y Max estuvieron en casa enseñándome las fotos y hablé con Rose por teléfono para felicitarla. Pero pequeña, sabes que te estaba preguntando exactamente.
-Sí, lo sé- dije con un suspiro- Edward está… bien, supongo.
-¿Supones?- dijo mi padre dándose la vuelta para mirarme.
-Hace dos meses que no le veo.- dije reteniendo las lágrimas y mirando hacia abajo.
-Tsk, eso no está bien. Sé que lo mejor cuando dos personas se separan y más con… vuestros motivos es poner tierra de por medio, pero cuando se tiene un hijo es lo más importante. Y siempre va a haber cumpleaños, luego festivales en el colegio, graduaciones, bodas… pero no hace falta irme tan lejos. Ojalá que no pero… Ethan puede ponerse enfermo un día y os va a necesitar a los dos y si estáis separados cuando os veáis va a ser muy duro para los tres.
-Lo sé papá. Ethan es lo único importante que tengo ahora. Me levanto por él, vivo por él… sino…sino estuviera aquí no sé donde me encontraría en estos momentos.- mi padre me abrazó por detrás frotándome los hombros consolándome y dándome calor producido por la fricción- pero Edward es feliz. Ha encontrado a una persona que le complementa…
-Tú también lo hacías. No te sientas inferior a esa chica porque sea la pareja de Edward ahora. Tú le complementabas y le entendías perfectamente y la prueba de eso es ese diablillo de niño que tenéis.- sonreí involuntariamente como siempre que pensaba en Ethan.
-Pero es que esa chica… solo la he visto una vez per es perfecta para Edward.
-¿Por qué? ¿Acaso tiene más pecho que tú, es más guapa, más alta…?- mi padre me sacó una carcajada involuntaria.
-No físicamente se parece mucho a mí pero es su autoestima. La vi tan segura de sí misma, no sé… yo al principio de mi relación con Edward era muy insegura y eso nos trajo varias discusiones, sin embargo ella… ella rellena hasta las pequeñas aristas que nos separaban a Edward y a mí.
-Chorradas. Edward te quería y a mis ojos y a ojos de los demás te puedo asegurar que hacíais la pareja perfecta lo que me hace preguntarte la famosa pregunta supongo.
-¿Por qué?- dijimos los dos a la vez.
Porque le fui infiel a Edward. Realmente me había dicho a mi misma que era por la libertad de salir de fiesta, de pasarlo bien… ¿pero era ese el motivo principal? Porque si hubiese querido esa vida, desde luego ahora que tenía la oportunidad de vivirla sin nada ni nadie que se me interponga en el camino hubiese continuado con ella. Pero no lo hacía, me pasaba los días lamentándome por perder la vida que tenía con Edward y pidiendo una nueva oportunidad. Y entonces lo vi claro, nítido, transparente como un cristal, como el hielo que nos rodeaba esa noche.
Yo solo había salido con Laurent como vía de escape de mi vida con Edward porque tenía miedo. Mi vida de casada y de mamá era tan perfecta que sentía que algo nos iba a dar de lleno en la cara y nos iba a arruinar la felicidad que sentíamos y yo para evitar el golpe había acelerado las cosas buscando una manera de sobrevivir, algo a lo que agarrarme cuando esa vida se fuese. Nunca me plantee que pudiese no tener fin. Siempre tenía mi lado pesimista pensando en lo peor de los mejores momentos. ¿Tenía miedo de la felicidad? Era lo más absurdo que había oído en toda mi vida pero era así. Tenía miedo a que alguien me matara y había decidido el suicidio.
Soy gilipollas.
-¿Bella?- en ese segundo volví de mi epifanía. Mi padre estaba a mi lado mirándome preocupado y yo a punto de una hipotermia.
-Por gilipollas.
-¿Qué?
-Qué rompí todo lo que tenía por gilipollas.- comencé a contarle a mi padre mi epifanía pero ya dentro de casa, sentados en el sofá de mi hermana y con un café en la mano. Mi padre quedó muy sorprendido por mi respuesta. Supongo que se esperaba un ‘’porque no era feliz’’ o ‘’porque Edward estaba mucho tiempo en el trabajo’’ o algo por el estilo pero nunca eso.
-¿Qué voy a hacer papá?- dije tapándome la cara con las manos.
-Vas a hablar con Edward y se lo vas a contar. Porque él merece saberlo. – Dijo acariciándome la espalda – pero no esperes nada porque el daño es el mismo.
Esa noche hablé con mi familia, temas variados pero nunca más salió Edward ni René mi padre se fue cerca de las dos de la mañana dándome un beso en la frente y pidiéndome que me tomara un calmante y que durmiera y sobre todo que no me precipitase con nada.
Esa noche dormí de un tirón y me levanté a las once producto del tranquilizante que me había dado Bree. Me levanté con una sonrisa porque iba a hablar con mi hijo dentro de horas escasamente. Esperaría a que fuese una hora prudente en Seattle para llamar.
Desayuné con Bree y Diego mientras hablábamos del embarazo. Nada más terminar de recoger la mesa cogí mi móvil y llamé a mi hijo. Hasta que no dio dos pitidos no fui consciente de que estaba llamando al número de Edward y que iba a hablar con él.
-¿Sí?- dijo una voz que yo conocía tan bien que intuía que en su rostro había una sonrisa.
-Mmm hola Edward- dije pausadamente- quería hablar con Ethan.
-Hola Bella, ahora te le paso- oí como bajaba las escaleras y poco a poco fui escuchando las voces de mi hijo. Parecía emocionado y supuse que estaba jugando con sus juguetes. Algo se apoderó de mí y antes de que pasase el teléfono a nuestro hijo grité.
-Y feliz navidad para ti Edward- un silencio al otro lado de la línea, tan solo interrumpido por las voces de Ethan, me hizo cuestionarme si lo había escuchado. Pero en el último momento me contestó.
-Feliz navidad para ti también.- y acto seguido pasó el teléfono a Ethan porque escuche un leve ‘’es mamá’’ de parte de Edward.
-¡Mami!- gritó mi hijo al teléfono.
-Hola tesoro, ¿te ha traído muchas cosas Papá Noel?- dije entusiasmada.
-Shi… un circuito de coches, un toboan y en casa de la yaya un coche para montar, un camión y pintuas.
-Vaya que de cosas. Eso es que has sido un niño muy bueno este año cariño. ¿Vas a ser tan bueno al que viene?
-Shi.
-Bueno en casa de mamá… también hay regalos para Ethan así que cuando vuelva a casa los abres y a ver si Papá Noel ha acertado o no, ¿eh?- mi hijo soltó una risilla- además vas a tener un primito o primita. La tía Bree va a tener un bebé.
-¿Un pimo? ¿Tan pequeño como Haden (Hayden)?- dijo entusiasmado.
-Sí, y el abuelo Charlie también te manda un beso.
-Vae
-¿Bueno y que más me cuentas?- sabía que la conversación estaba a punto de acabar, pues mi hijo era muy tímido y no me iba a dar más conversación. Y mucho menos si hay juguetes nuevos esperando por ser probados por él.
-Na. Ados mami.
-Adiós chiquitín, un beso.- iba a colgar ya que había escuchado cuando pasó el teléfono a Edward. Pero inesperadamente Edward habló.
-¿Bree está embarazada?- preguntó interesado Edward.
-Sí, de dos meses.
-Dala la enhorabuena de mi parte.
-Claro…- estuve exactamente dos segundos en silencio sopesando si podía decírselo por teléfono o no. Pero decidí hacerlo a la cara.
-Adiós Bella.
-Adiós… Edw…. Edward espera- grité de nuevo.-Tengo que hablar contigo- dije atropelladamente.
-Bueno, ya veremos cuando vuelvas a Seattle. Adiós.- colgó inmediatamente evitando poder seguir con la conversación o que yo pronunciase otra palabra. Me sentí totalmente descolocada. No esperaba un ‘’desde luego mi amor, ahora cojo un vuelo y aclaramos todo’’ pero al menos esperaba que me dejara despedirme.
También llamé a Rose para felicitarla la navidad y me contestó muy feliz que se lo estaban pasando muy bien toda la familia junta y que a todos se les caía la baba con Hayden, sobre todo a los tres hermanos de Emmett que era tan o más enormes que él.
Mi madre vino a comer y arreglamos las cosas tal y como lo hice con mi padre. También hablamos de Edward pero por encima, mi madre no era sentimental y a ella se la daban mal los temas amorosos por lo tanto lo evitó tanto como pudo. Me sorprendió que me dijera que estaba viviendo en Jacksonville. Quería cortar con su vida anterior y una de las cosas con las que cortó fue con el clima y por eso decidió mudarse del norte al sur del país.
Los días que me quedé en Minneapolis pasé tiempo con mi hermana, que vivía en una burbuja de felicidad, con mis padres, por separado. Conocí a Sue, era realmente simpática de la edad de mi padre, muy sencilla y organizada.
Antes de darme cuenta estaba despidiéndome de Diego en el aeropuerto y volando de nuevo hacia Seattle.
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