Capítulo 29,
parte 1
Edward
PVO
Un pitido en ambos oídos me molestaba,
esperé unos minutos que el ruido desapareciera pero no lo hacía. Resignado abrí
los ojos para encontrarme todo blanco, no veía nada, no se distinguía ninguna
forma.
Inspiré profundamente y me sentí con
fuerzas para echar hacia atrás la cabeza. Justo cuando estaba a punto de erguir
mi cuello completamente, escuché una voz lejana.
-¡Tranquilo señor! ¡No se mueva!- me
decía una voz grave perteneciente a un hombre.
Agudicé más mis oídos intentando captar
algún sonido. Escuchaba a un volumen muy bajo sonidos de sirenas de
ambulancias.

-¿Señor se encuentra bien?- Giré
lentamente mi cabeza hacia la izquierda, de donde provenía la voz. Al girar la
cabeza un terrible pinchazo apareció en mi cuello así que me limité a mover mis
ojos hacia la izquierda. Vi a un hombre vestido con un uniforme y un casco,
reconocí el logo de su chaqueta, era un bombero.
-No se mueva- me ordenó- mi nombre es
Leo, soy bombero y voy a ayudarle a salir del coche. Si puede hablar dígame si
se encuentra bien o no, si no puede hablar tan solo parpadee una vez si se
encuentra bien, y dos veces si siente dolor en alguna parte de su cuerpo.
Intenté hablar y tan solo me salió un
extraño sonido, como cuando te acabas de despertar y tienes la boca seca
impidiéndote hablar. Tomé aire y lo intenté de nuevo. Me hice un breve examen
mental a mí mismo, notaba un dolor punzante en el cuello y en la espalda, al
igual que la cabeza empezaba a rebotarme.
-Me duele el cuello- susurré lentamente
y en voz baja.
-Bien, no se mueva. Es muy importante
que permanezca en esa posición. Mis compañeros y yo le sacaremos en unos
minutos del coche- se alejó de la ventanilla izquierda desde donde me estaba
hablando y escuché como hablaba con sus compañeros- se queja de dolor en el
cuello así que debemos esperar a que le estabilicen la columna y después le
sacaremos del coche- no pude escuchar nada más porque el ruido en el exterior
cada vez era mayor, cada vez se oía más alto.
No pasó mucho tiempo desde que Leo se
fue cuando un chirrió sonó de nuevo a mi izquierda. Era un chirrió metálico.
Cuando quise volver a mirar hacia la izquierda, me encontré con que ya no había
ventanilla, ni retrovisor, ni puerta. A continuación una chica se acercó a mí.
-Hola, mi nombre es Carla. Soy médica y
voy a ayudarte ¿vale?- acto seguido sentí como diferentes materiales me rozaban
en la espalda-Cuidado ahora, sentirás algo de presión e incomodidad en la
mandíbula y en el cuello- me advirtió.
Sentí como me pasaba un collarín por
debajo de la mandíbula y después sentí una presión que me impedía mover la
cabeza.
-Está- dijo la médica- Ahora vamos a
sacarte del coche y a trasladarte a la ambulancia.
A continuación sentí como una persona
por atrás me agarraba por debajo de mi hombro derecho y con otra mano me
sujetaba el collarín. A los pocos segundos sentí como el calor del asfalto me
golpeaba directamente, señal de que ya no estaba en el coche. A penas me dio
tiempo a analizar la sensación de calor cuando sentí como me colocaban sobre
una superficie rígida, supuse que sería una camilla de plástico duro.
Durante los siguientes minutos, ya
dentro de la ambulancia, los médicos y técnicos de ambulancia me realizaron
diferentes pruebas y curas por todo mi cuerpo.
-Hay que hacerle un TAC antes de
continuar aquí. No sabemos los posibles daños que puede tener su columna
vertebral- dijo una voz masculina desde el interior de la ambulancia.
-Bien nos le llevamos al Providence
Regional Medical Center. -dijo una voz femenina alejándose de mí.
Los médicos se despidieron y oí como se
cerraban las puertas de la ambulancia, para poner rumbo al hospital, supuse.
Me sentía como si estuviera drogado. Mi
mente estaba en blanco totalmente, tan solo registraba aquellas cosas que
percibía a través de los sentidos. Por otro lado, el dolor cada vez se
incrementaba más tanto en mi espalda como en mi cabeza.
-¿Cuál es su nombre señor?-
Miré hacia arriba intentando recordar mi
nombre…
-Edward- dije al fin- Edward Cullen.
-Bien Edward, te vamos a llevar al
hospital Providence, ¿eres de Seattle?- me preguntó una mujer.
-Sí-
-¿Puede decirnos a quién podemos llamar
para informarle de su estado?-
-A mi….- ‘’mujer’’ pensé. En ese momento todo el aturdimiento desapareció de
mi cabeza, recordando el accidente, el choque, que Bella no estaba en el
asiento tras chocar. Mi respiración comenzó a acelerarse y notaba como mi pulso
también lo hacía. Oh dios…. Bella… Bella… pensaba mientras las lágrimas
comenzaban a formarse en mis ojos.
-Tranquilo Edward, tranquilo. Dígame a
quién podemos avisar-
-Mi mujer, Bella… iba en el coche
conmigo. ¡¿Dónde está?!- grité intentando levantarme de la camilla.
Inmediatamente sentí como dos pares de
manos me sostenían contra la camilla.
-¡Señor no puede moverse, recuérdelo!-
me exigieron.
-¡Mi mujer iba en el coche!- grité
exaltado, nervioso….
-Lo sabemos, su mujer está siendo
atendida por los médicos también.
Mi bebé… pensé triste. Un hueco se
empezaba a abrir en mi pecho, mi garganta me quemaba y las lágrimas corrían por
mi cara. El llanto provocó que mi pecho subiera y bajara rápidamente. Había
sentido el golpe en todo mi cuerpo, mi espalda dolía horrores y eso que me
había golpeado contra el asiento. Recordé otro aspecto importante: Bella se
quitó el cinturón.
Una recreación del accidente se formó en
mi mente. Nicole nos golpeó desde atrás, el impulso nos había hecho ir hacia
delante pero yo había vuelto hacia el asiento porque el cinturón me había
retenido contra él. Pero Bella no había vuelto hacia su asiento porque no
llevaba el cinturón, es decir que había salido disparada hacia delante…
-Dios mío….- dije mientras cerraba los
ojos. ¿Cuántas personas sobrevivían al salir disparadas de un coche? ¿Cuántos
fetos sobrevivían a un impacto de tal magnitud? Mi respiración que de por sí ya
estaba alterada se alteró un poco más al ser consciente de lo que podía estar
pasando en estos momentos. Podría haber perdido a mi mujer, Bella podría haber
muerto, podría no volver a verla jamás. Mi corazón dolió ante ese pensamiento,
no podía vivir sin ella, teníamos una vida en común que compartir, íbamos a
tener otro hijo.... El sonido de mi llanto me sacó de mis cavilaciones. Si
Bella me dejaba… Ethan…. Nuestro pequeño niño… ya había sufrido bastante cuando
nos separamos, no podía perder a su madre a la tierna edad de 4 años. No iba a
recordar a penas a su madre cuando creciera, era aun un bebé, necesitaba a su
madre. Y nuestro bebé… nos acabábamos de enterar de que era un niño, no le
hemos conocido aun, no es justo perderle, no es justo que tu mujer y tu hijo
mueran. No es justo que alguien te los arranque de tu vida de esta manera.
Nicole vino a mi cabeza y sentí como mis
manos se volvían puños. Nicole había acabado con mi familia. Apreté los dientes
con ira, pero tuve que dejar de hacerlo porque mi mandíbula y mi cuello me
dolían horrores.
En ese momento las puertas de la
ambulancia se abrieron y salí de nuevo a la calle donde el calor había
aumentado aun más. Una vez dentro del hospital fue llevado a una sala, luego a
otra y a otra, perdí la cuenta de las veces que me habían trasladado.
Finalmente me dejaron en una especie de reservado con cortinas donde una
enfermera entró e inyectó algo en la vía intravenosa que estaba conectada a mi
mano. Minutos después mis ojos comenzaron a cerrarse, luché contra mis párpados
porque no quería dormirme, tenía que saber que había pasado con mi mujer. Al
final no pude hacer nada y mis párpados cayeron.
*
Isabelle
Evans PVO

Ahora mismo estoy esperando a que un
paciente despierte, repaso su historial mientras mi jefa examina sus constantes
vitales. Es un hombre de unos treinta años, no le he visto despierto pero
dormido es guapo. Leo en su historial que ha sufrido un accidente de tráfico y
a consecuencia tiene las vertebras cervicales desplazadas. Podría haber sido
mucho peor, pienso.
Poco a poco veo que se remueve en la
cama, lleva un collarín así que le tiene que molestar un poco. Mi jefa le
habla, le informa de lo que le ha pasado y lo que tiene y se va, me deja a mí
para informarle sobre el tratamiento.

-¿Tienes alguna pregunta?- le digo.
Su mirada vuelve a mí, suspira, cierra
los ojos y cuando los abre sus ojos brillan producto de las lágrimas que
comienzan a acumulársele.
-Quiero saber dónde y cómo está mi
mujer- me pide.
-¿Su mujer?- preguntó extrañada. No
había nadie en la sala de espera y mi jefa me había dicho que habían avisado a
sus padres, por lo que supuse que era soltero.
-Iba conmigo en el coche- me explicó.
-Oh- No ha venido nadie con él. Trago en
seco porque sé lo que puede significar que solo haya llegado él al hospital.
Quizás su mujer no ha sobrevivido. Recuerdo los numerosos consejos que nos dan
en la facultad sobre cómo tratar con familiares y decido no preocuparle- No ha
venido nadie contigo al hospital, así que buscaré información sobre tu mujer y
en cuanto sepa algo te lo diré- le prometo alejándome de la cama.
-¿Qué significa que nadie ha venido
conmigo?-pregunta.
-Significa que del accidente que
tuviste, solo tú has ingresado en este hospital- le informo.
-Es decir… que solo yo he sobrevivido…-
dice consternado y veo como una lágrima escapa de su ojo derecho.
Inmediatamente me acercó a él para calmarlo.
Mierda Isabelle no has tenido nada de
tacto, me digo a mí misma.
-No, no. Perdón, perdón, no me he
explicado bien. No sé si solo tú has sobrevivido, quizás tu mujer esté en otro
hospital. Te prometo que la voy a buscar- le digo, y de verdad le voy a ayudar.
Este hombre me transmite mucha tristeza, quiero y necesito ayudarle, por él,
por su mujer…-Llamaré a todos los hospitales de Seattle hasta que dé con ella.
Dime como se llama-

Vuelvo a respirar hondo y me dirijo a
recepción. Cojo el teléfono y llamo al hospital Northwest, no ha ingresado
ninguna mujer embarazada en las últimas horas, en el Kindred lo mismo, en el
Virginia Mason igual. Comienzo a desesperarme al ver que no estoy dando con
ella en ningún hospital, no quiero que mi teoría se haga realidad, no quiero
que este hombre haya perdido a su mujer y a su bebé. Llamo al Swedich Medical
Center con esperanzas renovadas y pregunto por Isabella Cullen, me dicen que no
hay ninguna paciente registrada con ese nombre. Cuando desanimada voy a colgar
les digo que está embarazada y que debe haber ingresado por un accidente de
tráfico hace unas horas.
-Hay una paciente que cumple esas
características, sí- me dice el recepcionista.
-Bien necesito que me diga si es
Isabella Cullen.
-Un momento por favor- me pide.
Espero al teléfono como unos 5 minutos
antes de que vuelva a contestar.
-No sé si es Isabella Cullen. No había
nada que la identificase cuando la trajeron al hospital pero sí está embarazada
de aproximadamente 7 meses.
-¿Podría decirme cómo es físicamente?-
si me da una descripción el señor Cullen podría corroborar si es ella o no.
-En estos momentos no puedo decirle nada
señorita, la paciente está en quirófano. No obstante si conoce su identidad o
sabe de alguien a quien podamos avisar díganoslo por favor. La paciente está en
estado crítico y sería conveniente que sus familiares estén aquí por lo que
pueda pasar- dice bajando la voz al final. Es un claro signo de que no saben si
sobrevivirá en las próximas horas y prefieren que la familia esté ahí si algo
sucede. Corto la llamada y me dirijo a la habitación 234 donde está el señor
Cullen. Al entrar veo que hay dos personas con él en la habitación, un hombre y
una mujer de unos 50 y pico años. La mujer tiene el rostro lleno de lágrimas,
al igual que el señor Cullen y el hombre tiene cara de consternación.
-Disculpen-digo entrando en la habitación.
-Somos sus padres- me dice el hombre.
-Soy la enfermera Evans- les informo-
tengo noticias sobre su mujer señor Cullen- le digo poniéndome a los pies de la
cama.
-¿Ha encontrado a mi mujer?- me pregunta
ansioso.
-No estoy segura. Esta mañana ha ingresado
una mujer embarazada de7 meses en el hospital Swedish, pero no llevaba ningún
tipo de identificación así que no han podido confirmarme que se trate de su
mujer, lo lamento.
-¡Necesito ir, quiero saber si es ella!-
dice haciendo el amago de levantarse de la cama.
Los tres nos acercamos a la cama
impidiéndole que se levante.
-¡No puedes moverte, recuérdalo!- le
digo firme- tienes las vertebras cervicales desplazadas, moverte solo lo
empeorará. Si no puedes estarte quieto tendré que aplicarte un sedante o
atarte- le amenazo.

-Edward para, cálmate- le pide su padre.
El señor Cullen agarra del antebrazo a
su padre y le suplica con la mirada.
-Papá es Bella, son mi mujer y mi hijo,
me está matando no saber nada de ellos- les pide.
-¿Ha dicho que estaba en el Swedish no?-
me pregunta su padre.
-Sí así es-
-Iré a ver si se trata de ella Edward.
Te llamaré en cuanto sepa algo, confía en mí hijo- le dice dándole un toque en
su mano.
-Oh Edward. No puedo creer que esto esté
pasando, ayer estabais los dos cenando en casa y hoy…- se lamenta su madre, su
barbilla tiembla y comienza a llorar de nuevo.
-¿Me acompaña afuera?- le pido al padre.
Él asiente y se despide de su mujer y de su hijo.
Una vez la puerta de la habitación está
cerrada, comienzo a hablar. No quiero que el señor Cullen oiga lo que me han
dicho de su mujer, porque sé que se pondría neurótico. Le informo del estado
tan grave en el que se encuentra la posible Isabella Cullen y de que es
necesario avisar a toda la familia. El señor Cullen se entristece muchísimo y
veo como camina hacia la salida con la cabeza gacha.
Voy hacia una de las estanterías que hay
en la sala de urgencias y busco en las bolsas de plástico alguna que ponga el
nombre ‘’Edward Cullen’’. La encuentro en el estante de abajo y la llevo a su
habitación. En la bolsa está la ropa que le quitaron cuando llego al hospital,
el teléfono móvil, el reloj y la alianza de matrimonio.
Entro a la habitación y me encuentro un
momento muy íntimo, madre e hijo están abrazados llorando.
-Perdón- digo entrando definitivamente
en la habitación.
-¿Ya tienen noticias?- me pregunta su
madre secándose las lágrimas.
Niego con la cabeza.
-El señor Cullen, su marido, acaba de
partir hacia el Swedish pero me temo que está bastante lejos de aquí así que
intenten ser pacientes- les pido. Me acerco a la cama y dejo la bolsa de
plástico a los pies de la misma.
-Estos son los enseres personales que
traías cuando llegaste al hospital- le informo al señor Cullen- he creído que
te gustaría tener el teléfono móvil a tu disposición- Él asiente y me lo
agradece.
Vuelvo a salir de la habitación para
darles intimidad y yo me pongo a revisar los historiales de otros pacientes que
también requieren mi atención pero que la triste situación del señor Cullen ha
desplazado, colocándose su caso en mi principal prioridad.
Al cabo de dos horas, vuelvo a entrar en
la habitación del señor Cullen para ponerle más medicación contra el dolor.
Cuando entro él está hablando por teléfono mientras su madre le mira como
dándole apoyo.
-Sí campeón, ¿te lo estás pasando bien
en Forks?- pregunta.
-Me alegro de que hayas ido de excursión
con tía Alice y tío Jasper.
-Mami…-dice y le tiembla la voz- no
puede ponerse ahora, no está en casa.
-Ethan cariño, no puedes hablar con mamá
ahora, lo siento.
-No lo sé- para y suspira- no sé cuándo
va a volver- dice levantando la mirada hacia su madre. Esa mirada transmite la
incertidumbre que traslada a la persona que está al otro lado de la línea.
-Tengo que colgar campeón. ¿Mañana nos
vemos vale? Papi te quiere mucho- dice con un breve sollozo al final.
Su madre le acaricia el brazo en señal
de apoyo.
-Es Bella, no sabemos cómo está, ni
dónde está… - dice triste.
-No sé que voy a contarle a Ethan mañana
cuando venga. No sé donde está su madre, no sé nada.
-Papá ha ido al Swedish a ver si está
allí, nos han dicho que una mujer con las características de Bella ha ingresado
está mañana. Dios espero que sea ella y que esté bien- suspira- no sé qué va a
ser de mí si la pasa algo a ella o al bebé.
-Oye Jas, no puedo seguir hablando, pero
estoy bien, no os preocupéis por mí, es Bella la que nos preocupa a todos. Por
favor, solo te pido que no animéis las esperanzas de Ethan por ver a su madre
mañana, no sé si nuestro hijo va a poder ver a su madre y no quiero que sufra-
dijo mientras una lágrima se derramaba por su mejilla.
-Bien, gracias, hasta mañana- se
despidió y colgó. Ambos se me quedaron mirando, porque estaba petrificada a la
entrada de la habitación.
-Vengo a renovarte la medicación- digo
acercándome al gotero.
Su madre se levanta dejándome paso para
inyectarle el antiinflamatorio en el gotero.
-Voy a salir a por una tila Edward,
vuelvo en seguida- dijo dándole un beso en la frente.
Su madre nos deja solos en la habitación
y yo no puedo evitar preguntarle a cerca de la conversación que acabo de
escuchar.
-¿Tienes un hijo?- preguntó. Él se gira
mirándome con cara seria, sé que me estoy entrometiendo en su vida personal
pero la historia de esta familia me ha llegado al corazón.
-Sí, Ethan. Tiene 4 años y está con mi
hermano de vacaciones. Gracias a dios no estaba con nosotros en el coche, si no
ahora no sé qué sería de mí- dice triste.
-Vaya…- digo poniéndome triste yo
también al momento. Ya no solo existía la posibilidad de que este hombre
hubiese perdido a su mujer y a su bebé, sino que también cabía la posibilidad
de que un niño hubiese perdido a su madre. Y con tan solo 4 años…. Pobre
chiquitín, pensé para mí misma.
-Si algo le ha pasado a mi mujer…- dice
negando con la cabeza y con la mirada gacha- no sé cómo voy a enfrentarme a mi
hijo. Es tan pequeño y quiere tanto a su madre…
-No quiero sonar entrometida, pero ¿su
mujer tiene más familia a parte de ustedes?- pregunto.
-Sí, su familia vive en Minnesota.
-Creo que debería llamarles e
informarles de lo sucedido. El viaje es un poco largo y querrán estar aquí con
ella cuanto antes.

Noto que vacila a la hora de pulsar el
botón de llamada.
-Puedo hacerlo yo si quiere- me ofrezco-
estoy acostumbrada a realizar este tipo de llamadas.
Él
asiente y me da su teléfono móvil. Salgo de la habitación porque a sus
familiares tengo que decirles lo que el recepcionista me ha dicho antes y no
quiero que el señor Cullen lo oiga.
El teléfono da un par de pitidos y una
chica responde.
-¡Edward cuñado, enhorabuena! He visto
la foto de la ecografía, que sobrino tan guapo voy a tener- dice emocionada. Mi
estómago se revuelve al saber que voy a ser una vez más, la persona encargada
de romper esa felicidad.
-¿Qué ha pasado?- dice cambiando
totalmente el tono de felicidad con el que había contestado la llamada, a un
tono de alarma y preocupación.
-Soy la enfermera Evans y me temo que
tengo mala noticias sobre la señora Isabella Cullen.
-¿Bella? ¿Qué la ha pasado a mi
hermana?- oh su hermana, estaba hablando con su hermana.
-Esta mañana ella y su marido han
sufrido un accidente de tráfico. Su cuñado, el señor Cullen está ingresado en
este hospital por un desplazamiento de las vertebras cervicales, sin embargo no
tenemos noticias de la señora Cullen. Hemos contactado con diferentes
hospitales y en uno de ellos ha ingresado una paciente con las semejanzas de su
hermana. El padre del señor Cullen se encuentra allí en estos momentos para
confirmar si se trata de ella o no.
-Oh dios…- exclama a media voz.
-En el caso de que se tratase de la
señora Cullen sería conveniente que fueran al hospital, pues su estado es
grave- termino de decir.
-Sí, sí, por supuesto- dice. Y reconozco
la voz, es la voz del estado de shock en el que te han dado una noticia
terrible que no esperabas- Gracias por ponerse en contacto conmigo y dígale al
señor Cullen que viajaremos lo antes posible.
-Por supuesto- contesto.
Entro en la habitación y le digo que la
hermana de la señora Cullen vendrá.
En ese momento su madre vuelve a la
habitación y antes de que se siente en el sillón de al lado de la cama, su
teléfono suena. Ambos se miran el uno al otro, sabiendo que tras esa llamada
está la noticia que llevan esperando todo el día.
-Carlisle- contesta su madre. Su cara va
cambiando desde la curiosidad hasta el escepticismo, pasando por la tristeza y
la desolación. Asiente varias veces con la cabeza y finalmente cuelga.
-Edward- dice llorando desconsolada
mirándole.
-¿Qué pasa? ¿Por qué te pones así?-
Ellos comparten una mirada totalmente significativa.
- Oh no, no, no ¡NO!- dice agarrándose
el cabello y tirando de él furiosamente- ella no- dice llorando- Mamá…- dice
desconsolado abrazándose con dolor a su madre. Ella también llora desconsolada
mientras le acaricia el pelo, intentando ofrecerle un pequeño consuelo. El
señor Cullen llora ruidosamente a la vez que los espasmos se adueñan de su cuerpo.
Siento como trago en seco. No puede ser
verdad. Mis peores temores no pueden confirmarse.
*
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