viernes, 25 de noviembre de 2016

Capítulo 29 parte 1

Capítulo 29, parte 1

Edward PVO

Un pitido en ambos oídos me molestaba, esperé unos minutos que el ruido desapareciera pero no lo hacía. Resignado abrí los ojos para encontrarme todo blanco, no veía nada, no se distinguía ninguna forma.

Inspiré profundamente y me sentí con fuerzas para echar hacia atrás la cabeza. Justo cuando estaba a punto de erguir mi cuello completamente, escuché una voz lejana.

-¡Tranquilo señor! ¡No se mueva!- me decía una voz grave perteneciente a un hombre.
Agudicé más mis oídos intentando captar algún sonido. Escuchaba a un volumen muy bajo sonidos de sirenas de ambulancias.

Abrí mis ojos de nuevo y esta vez pude distinguir formas. La superficie blanca que había visto antes era una especie de sábana deshinchada sobre la que estaba apoyado. Elevé un poco más la cabeza hasta que en mi visión apareció el volante del coche y la luna rota.

-¿Señor se encuentra bien?- Giré lentamente mi cabeza hacia la izquierda, de donde provenía la voz. Al girar la cabeza un terrible pinchazo apareció en mi cuello así que me limité a mover mis ojos hacia la izquierda. Vi a un hombre vestido con un uniforme y un casco, reconocí el logo de su chaqueta, era un bombero.

-No se mueva- me ordenó- mi nombre es Leo, soy bombero y voy a ayudarle a salir del coche. Si puede hablar dígame si se encuentra bien o no, si no puede hablar tan solo parpadee una vez si se encuentra bien, y dos veces si siente dolor en alguna parte de su cuerpo.

Intenté hablar y tan solo me salió un extraño sonido, como cuando te acabas de despertar y tienes la boca seca impidiéndote hablar. Tomé aire y lo intenté de nuevo. Me hice un breve examen mental a mí mismo, notaba un dolor punzante en el cuello y en la espalda, al igual que la cabeza empezaba a rebotarme.

-Me duele el cuello- susurré lentamente y en voz baja.

-Bien, no se mueva. Es muy importante que permanezca en esa posición. Mis compañeros y yo le sacaremos en unos minutos del coche- se alejó de la ventanilla izquierda desde donde me estaba hablando y escuché como hablaba con sus compañeros- se queja de dolor en el cuello así que debemos esperar a que le estabilicen la columna y después le sacaremos del coche- no pude escuchar nada más porque el ruido en el exterior cada vez era mayor, cada vez se oía más alto.

No pasó mucho tiempo desde que Leo se fue cuando un chirrió sonó de nuevo a mi izquierda. Era un chirrió metálico. Cuando quise volver a mirar hacia la izquierda, me encontré con que ya no había ventanilla, ni retrovisor, ni puerta. A continuación una chica se acercó a mí.

-Hola, mi nombre es Carla. Soy médica y voy a ayudarte ¿vale?- acto seguido sentí como diferentes materiales me rozaban en la espalda-Cuidado ahora, sentirás algo de presión e incomodidad en la mandíbula y en el cuello- me advirtió.

Sentí como me pasaba un collarín por debajo de la mandíbula y después sentí una presión que me impedía mover la cabeza.

-Está- dijo la médica- Ahora vamos a sacarte del coche y a trasladarte a la ambulancia.
A continuación sentí como una persona por atrás me agarraba por debajo de mi hombro derecho y con otra mano me sujetaba el collarín. A los pocos segundos sentí como el calor del asfalto me golpeaba directamente, señal de que ya no estaba en el coche. A penas me dio tiempo a analizar la sensación de calor cuando sentí como me colocaban sobre una superficie rígida, supuse que sería una camilla de plástico duro.

Durante los siguientes minutos, ya dentro de la ambulancia, los médicos y técnicos de ambulancia me realizaron diferentes pruebas y curas por todo mi cuerpo.

-Hay que hacerle un TAC antes de continuar aquí. No sabemos los posibles daños que puede tener su columna vertebral- dijo una voz masculina desde el interior de la ambulancia.
-Bien nos le llevamos al Providence Regional Medical Center. -dijo una voz femenina alejándose de mí.

Los médicos se despidieron y oí como se cerraban las puertas de la ambulancia, para poner rumbo al hospital, supuse.

Me sentía como si estuviera drogado. Mi mente estaba en blanco totalmente, tan solo registraba aquellas cosas que percibía a través de los sentidos. Por otro lado, el dolor cada vez se incrementaba más tanto en mi espalda como en mi cabeza.

-¿Cuál es su nombre señor?-

Miré hacia arriba intentando recordar mi nombre…

-Edward- dije al fin- Edward Cullen.

-Bien Edward, te vamos a llevar al hospital Providence, ¿eres de Seattle?- me preguntó una mujer.

-Sí-

-¿Puede decirnos a quién podemos llamar para informarle de su estado?-

-A mi….- ‘’mujer’’ pensé. En ese momento todo el aturdimiento desapareció de mi cabeza, recordando el accidente, el choque, que Bella no estaba en el asiento tras chocar. Mi respiración comenzó a acelerarse y notaba como mi pulso también lo hacía. Oh dios…. Bella… Bella… pensaba mientras las lágrimas comenzaban a formarse en mis ojos.

-Tranquilo Edward, tranquilo. Dígame a quién podemos avisar-

-Mi mujer, Bella… iba en el coche conmigo. ¡¿Dónde está?!- grité intentando levantarme de la camilla.

Inmediatamente sentí como dos pares de manos me sostenían contra la camilla.

-¡Señor no puede moverse, recuérdelo!- me exigieron.

-¡Mi mujer iba en el coche!- grité exaltado, nervioso….

-Lo sabemos, su mujer está siendo atendida por los médicos también.

Mi bebé… pensé triste. Un hueco se empezaba a abrir en mi pecho, mi garganta me quemaba y las lágrimas corrían por mi cara. El llanto provocó que mi pecho subiera y bajara rápidamente. Había sentido el golpe en todo mi cuerpo, mi espalda dolía horrores y eso que me había golpeado contra el asiento. Recordé otro aspecto importante: Bella se quitó el cinturón.

Una recreación del accidente se formó en mi mente. Nicole nos golpeó desde atrás, el impulso nos había hecho ir hacia delante pero yo había vuelto hacia el asiento porque el cinturón me había retenido contra él. Pero Bella no había vuelto hacia su asiento porque no llevaba el cinturón, es decir que había salido disparada hacia delante…

-Dios mío….- dije mientras cerraba los ojos. ¿Cuántas personas sobrevivían al salir disparadas de un coche? ¿Cuántos fetos sobrevivían a un impacto de tal magnitud? Mi respiración que de por sí ya estaba alterada se alteró un poco más al ser consciente de lo que podía estar pasando en estos momentos. Podría haber perdido a mi mujer, Bella podría haber muerto, podría no volver a verla jamás. Mi corazón dolió ante ese pensamiento, no podía vivir sin ella, teníamos una vida en común que compartir, íbamos a tener otro hijo.... El sonido de mi llanto me sacó de mis cavilaciones. Si Bella me dejaba… Ethan…. Nuestro pequeño niño… ya había sufrido bastante cuando nos separamos, no podía perder a su madre a la tierna edad de 4 años. No iba a recordar a penas a su madre cuando creciera, era aun un bebé, necesitaba a su madre. Y nuestro bebé… nos acabábamos de enterar de que era un niño, no le hemos conocido aun, no es justo perderle, no es justo que tu mujer y tu hijo mueran. No es justo que alguien te los arranque de tu vida de esta manera.

Nicole vino a mi cabeza y sentí como mis manos se volvían puños. Nicole había acabado con mi familia. Apreté los dientes con ira, pero tuve que dejar de hacerlo porque mi mandíbula y mi cuello me dolían horrores.

En ese momento las puertas de la ambulancia se abrieron y salí de nuevo a la calle donde el calor había aumentado aun más. Una vez dentro del hospital fue llevado a una sala, luego a otra y a otra, perdí la cuenta de las veces que me habían trasladado. Finalmente me dejaron en una especie de reservado con cortinas donde una enfermera entró e inyectó algo en la vía intravenosa que estaba conectada a mi mano. Minutos después mis ojos comenzaron a cerrarse, luché contra mis párpados porque no quería dormirme, tenía que saber que había pasado con mi mujer. Al final no pude hacer nada y mis párpados cayeron.
*
Isabelle Evans PVO

Hoy es mi segunda semana en el hospital. Soy enfermera,  siempre he querido serlo porque siento dentro de mí que puedo ayudar a las personas, que puedo aportarles una parte de mí misma que les va a ayudar de una manera o de otra. Tengo 22 años y mis ganas de trabajar y ayudar cada día aumentan más.

Ahora mismo estoy esperando a que un paciente despierte, repaso su historial mientras mi jefa examina sus constantes vitales. Es un hombre de unos treinta años, no le he visto despierto pero dormido es guapo. Leo en su historial que ha sufrido un accidente de tráfico y a consecuencia tiene las vertebras cervicales desplazadas. Podría haber sido mucho peor, pienso.

Poco a poco veo que se remueve en la cama, lleva un collarín así que le tiene que molestar un poco. Mi jefa le habla, le informa de lo que le ha pasado y lo que tiene y se va, me deja a mí para informarle sobre el tratamiento.

Me acercó a su cama por el lado derecho y veo sus ojos, son de un verde espectacular. Le informo sobre su tratamiento pero él no dice nada, no pregunta, solo mira un punto detrás de mi hombro izquierdo.

-¿Tienes alguna pregunta?- le digo.

Su mirada vuelve a mí, suspira, cierra los ojos y cuando los abre sus ojos brillan producto de las lágrimas que comienzan a acumulársele.

-Quiero saber dónde y cómo está mi mujer- me pide.

-¿Su mujer?- preguntó extrañada. No había nadie en la sala de espera y mi jefa me había dicho que habían avisado a sus padres, por lo que supuse que era soltero.

-Iba conmigo en el coche- me explicó.

-Oh- No ha venido nadie con él. Trago en seco porque sé lo que puede significar que solo haya llegado él al hospital. Quizás su mujer no ha sobrevivido. Recuerdo los numerosos consejos que nos dan en la facultad sobre cómo tratar con familiares y decido no preocuparle- No ha venido nadie contigo al hospital, así que buscaré información sobre tu mujer y en cuanto sepa algo te lo diré- le prometo alejándome de la cama.

-¿Qué significa que nadie ha venido conmigo?-pregunta.

-Significa que del accidente que tuviste, solo tú has ingresado en este hospital- le informo.

-Es decir… que solo yo he sobrevivido…- dice consternado y veo como una lágrima escapa de su ojo derecho. Inmediatamente me acercó a él para calmarlo.

Mierda Isabelle no has tenido nada de tacto, me digo a mí misma.

-No, no. Perdón, perdón, no me he explicado bien. No sé si solo tú has sobrevivido, quizás tu mujer esté en otro hospital. Te prometo que la voy a buscar- le digo, y de verdad le voy a ayudar. Este hombre me transmite mucha tristeza, quiero y necesito ayudarle, por él, por su mujer…-Llamaré a todos los hospitales de Seattle hasta que dé con ella. Dime como se llama-

-Isabella Cullen- me dice y lo apunto en mi libreta de notas personal- está embarazada de 7 meses- añade. Le miro a los ojos y veo en ellos una profunda tristeza que hace que a mí también me den ganas de llorar. Salgo de la habitación respirando profundamente para alejar las lágrimas. Me da mucha tristeza la situación de este hombre, son las 3 de la tarde así que imagino como salió de su casa esta mañana junto a su mujer, felices por estar esperando la llegada de su hijo. Ella está embarazada de 7 meses, es decir que a penas en unas semanas tendrían a su hijo en brazos. Suben al coche y en 3 segundos la vida de este hombre ha cambiado para siempre, quizás el feto no ha sobrevivido al accidente, quizás su mujer tampoco, quizás ha perdido a las 2 personas más importantes de su vida en tan solo 3 segundos.

Vuelvo a respirar hondo y me dirijo a recepción. Cojo el teléfono y llamo al hospital Northwest, no ha ingresado ninguna mujer embarazada en las últimas horas, en el Kindred lo mismo, en el Virginia Mason igual. Comienzo a desesperarme al ver que no estoy dando con ella en ningún hospital, no quiero que mi teoría se haga realidad, no quiero que este hombre haya perdido a su mujer y a su bebé. Llamo al Swedich Medical Center con esperanzas renovadas y pregunto por Isabella Cullen, me dicen que no hay ninguna paciente registrada con ese nombre. Cuando desanimada voy a colgar les digo que está embarazada y que debe haber ingresado por un accidente de tráfico hace unas horas.

-Hay una paciente que cumple esas características, sí- me dice el recepcionista.

-Bien necesito que me diga si es Isabella Cullen.

-Un momento por favor- me pide.

Espero al teléfono como unos 5 minutos antes de que vuelva a contestar.

-No sé si es Isabella Cullen. No había nada que la identificase cuando la trajeron al hospital pero sí está embarazada de aproximadamente 7 meses.

-¿Podría decirme cómo es físicamente?- si me da una descripción el señor Cullen podría corroborar si es ella o no.

-En estos momentos no puedo decirle nada señorita, la paciente está en quirófano. No obstante si conoce su identidad o sabe de alguien a quien podamos avisar díganoslo por favor. La paciente está en estado crítico y sería conveniente que sus familiares estén aquí por lo que pueda pasar- dice bajando la voz al final. Es un claro signo de que no saben si sobrevivirá en las próximas horas y prefieren que la familia esté ahí si algo sucede. Corto la llamada y me dirijo a la habitación 234 donde está el señor Cullen. Al entrar veo que hay dos personas con él en la habitación, un hombre y una mujer de unos 50 y pico años. La mujer tiene el rostro lleno de lágrimas, al igual que el señor Cullen y el hombre tiene cara de consternación.

-Disculpen-digo entrando en la habitación.

-Somos sus padres- me dice el hombre.

-Soy la enfermera Evans- les informo- tengo noticias sobre su mujer señor Cullen- le digo poniéndome a los pies de la cama.

-¿Ha encontrado a mi mujer?- me pregunta ansioso.

-No estoy segura. Esta mañana ha ingresado una mujer embarazada de7 meses en el hospital Swedish, pero no llevaba ningún tipo de identificación así que no han podido confirmarme que se trate de su mujer, lo lamento.

-¡Necesito ir, quiero saber si es ella!- dice haciendo el amago de levantarse de la cama.
Los tres nos acercamos a la cama impidiéndole que se levante.

-¡No puedes moverte, recuérdalo!- le digo firme- tienes las vertebras cervicales desplazadas, moverte solo lo empeorará. Si no puedes estarte quieto tendré que aplicarte un sedante o atarte- le amenazo.

-¡Usted no lo entiende!- me grita con ojos desesperados- ¡Llevo horas en esta cama sin saber si mi mujer está viva o muerta! ¡No paro de pensar en el momento del accidente, pienso en el impacto y después ella no está a mi lado en su asiento! ¡No está!- grita desesperado.

-Edward para, cálmate- le pide su padre.

El señor Cullen agarra del antebrazo a su padre y le suplica con la mirada.

-Papá es Bella, son mi mujer y mi hijo, me está matando no saber nada de ellos- les pide.

-¿Ha dicho que estaba en el Swedish no?- me pregunta su padre.

-Sí así es-

-Iré a ver si se trata de ella Edward. Te llamaré en cuanto sepa algo, confía en mí hijo- le dice dándole un toque en su mano.

-Oh Edward. No puedo creer que esto esté pasando, ayer estabais los dos cenando en casa y hoy…- se lamenta su madre, su barbilla tiembla y comienza a llorar de nuevo.

-¿Me acompaña afuera?- le pido al padre. Él asiente y se despide de su mujer y de su hijo.
Una vez la puerta de la habitación está cerrada, comienzo a hablar. No quiero que el señor Cullen oiga lo que me han dicho de su mujer, porque sé que se pondría neurótico. Le informo del estado tan grave en el que se encuentra la posible Isabella Cullen y de que es necesario avisar a toda la familia. El señor Cullen se entristece muchísimo y veo como camina hacia la salida con la cabeza gacha.

Voy hacia una de las estanterías que hay en la sala de urgencias y busco en las bolsas de plástico alguna que ponga el nombre ‘’Edward Cullen’’. La encuentro en el estante de abajo y la llevo a su habitación. En la bolsa está la ropa que le quitaron cuando llego al hospital, el teléfono móvil, el reloj y la alianza de matrimonio.

Entro a la habitación y me encuentro un momento muy íntimo, madre e hijo están abrazados llorando.

-Perdón- digo entrando definitivamente en la habitación.

-¿Ya tienen noticias?- me pregunta su madre secándose las lágrimas.

Niego con la cabeza.

-El señor Cullen, su marido, acaba de partir hacia el Swedish pero me temo que está bastante lejos de aquí así que intenten ser pacientes- les pido. Me acerco a la cama y dejo la bolsa de plástico a los pies de la misma.

-Estos son los enseres personales que traías cuando llegaste al hospital- le informo al señor Cullen- he creído que te gustaría tener el teléfono móvil a tu disposición- Él asiente y me lo agradece.

Vuelvo a salir de la habitación para darles intimidad y yo me pongo a revisar los historiales de otros pacientes que también requieren mi atención pero que la triste situación del señor Cullen ha desplazado, colocándose su caso en mi principal prioridad.

Al cabo de dos horas, vuelvo a entrar en la habitación del señor Cullen para ponerle más medicación contra el dolor. Cuando entro él está hablando por teléfono mientras su madre le mira como dándole apoyo.

-Sí campeón, ¿te lo estás pasando bien en Forks?- pregunta.

-Me alegro de que hayas ido de excursión con tía Alice y tío Jasper.

-Mami…-dice y le tiembla la voz- no puede ponerse ahora, no está en casa.

-Ethan cariño, no puedes hablar con mamá ahora, lo siento.

-No lo sé- para y suspira- no sé cuándo va a volver- dice levantando la mirada hacia su madre. Esa mirada transmite la incertidumbre que traslada a la persona que está al otro lado de la línea.

-Tengo que colgar campeón. ¿Mañana nos vemos vale? Papi te quiere mucho- dice con un breve sollozo al final.

Su madre le acaricia el brazo en señal de apoyo.

-Jasper- dice el señor Cullen- estoy bien, relájate.

-Es Bella, no sabemos cómo está, ni dónde está… - dice triste.

-No sé que voy a contarle a Ethan mañana cuando venga. No sé donde está su madre, no sé nada.

-Papá ha ido al Swedish a ver si está allí, nos han dicho que una mujer con las características de Bella ha ingresado está mañana. Dios espero que sea ella y que esté bien- suspira- no sé qué va a ser de mí si la pasa algo a ella o al bebé.

-Oye Jas, no puedo seguir hablando, pero estoy bien, no os preocupéis por mí, es Bella la que nos preocupa a todos. Por favor, solo te pido que no animéis las esperanzas de Ethan por ver a su madre mañana, no sé si nuestro hijo va a poder ver a su madre y no quiero que sufra- dijo mientras una lágrima se derramaba por su mejilla.

-Bien, gracias, hasta mañana- se despidió y colgó. Ambos se me quedaron mirando, porque estaba petrificada a la entrada de la habitación.

-Vengo a renovarte la medicación- digo acercándome al gotero.

Su madre se levanta dejándome paso para inyectarle el antiinflamatorio en el gotero.

-Voy a salir a por una tila Edward, vuelvo en seguida- dijo dándole un beso en la frente.
Su madre nos deja solos en la habitación y yo no puedo evitar preguntarle a cerca de la conversación que acabo de escuchar.

-¿Tienes un hijo?- preguntó. Él se gira mirándome con cara seria, sé que me estoy entrometiendo en su vida personal pero la historia de esta familia me ha llegado al corazón.

-Sí, Ethan. Tiene 4 años y está con mi hermano de vacaciones. Gracias a dios no estaba con nosotros en el coche, si no ahora no sé qué sería de mí- dice triste.

-Vaya…- digo poniéndome triste yo también al momento. Ya no solo existía la posibilidad de que este hombre hubiese perdido a su mujer y a su bebé, sino que también cabía la posibilidad de que un niño hubiese perdido a su madre. Y con tan solo 4 años…. Pobre chiquitín, pensé para mí misma.

-Si algo le ha pasado a mi mujer…- dice negando con la cabeza y con la mirada gacha- no sé cómo voy a enfrentarme a mi hijo. Es tan pequeño y quiere tanto a su madre…

-No quiero sonar entrometida, pero ¿su mujer tiene más familia a parte de ustedes?- pregunto.

-Sí, su familia vive en Minnesota.

-Creo que debería llamarles e informarles de lo sucedido. El viaje es un poco largo y querrán estar aquí con ella cuanto antes.

-Tiene razón—dice cogiendo el móvil. Pone el patrón de desbloqueo y veo que de fondo tiene una foto de una mujer morena, con pelo largo y cuerpo atlético que tiene cogido a un niño guapísimo, rubio, con ojos azules y con una sonrisa pilla, contra su cadera. Al lado derecho de la mujer se encuentra el señor Cullen sonriente mirando a su mujer y a su hijo. No puedo evitar que el corazón se me contraiga, la imagen es preciosa, es una familia muy bonita.

Noto que vacila a la hora de pulsar el botón de llamada.

-Puedo hacerlo yo si quiere- me ofrezco- estoy acostumbrada a realizar este tipo de llamadas.

Él  asiente y me da su teléfono móvil. Salgo de la habitación porque a sus familiares tengo que decirles lo que el recepcionista me ha dicho antes y no quiero que el señor Cullen lo oiga.

El teléfono da un par de pitidos y una chica responde.

-¡Edward cuñado, enhorabuena! He visto la foto de la ecografía, que sobrino tan guapo voy a tener- dice emocionada. Mi estómago se revuelve al saber que voy a ser una vez más, la persona encargada de romper esa felicidad.

-Perdone señorita, le llamo desde el hospital Providence de Seattle

-¿Qué ha pasado?- dice cambiando totalmente el tono de felicidad con el que había contestado la llamada, a un tono de alarma y preocupación.

-Soy la enfermera Evans y me temo que tengo mala noticias sobre la señora Isabella Cullen.

-¿Bella? ¿Qué la ha pasado a mi hermana?- oh su hermana, estaba hablando con su hermana.

-Esta mañana ella y su marido han sufrido un accidente de tráfico. Su cuñado, el señor Cullen está ingresado en este hospital por un desplazamiento de las vertebras cervicales, sin embargo no tenemos noticias de la señora Cullen. Hemos contactado con diferentes hospitales y en uno de ellos ha ingresado una paciente con las semejanzas de su hermana. El padre del señor Cullen se encuentra allí en estos momentos para confirmar si se trata de ella o no.

-Oh dios…- exclama a media voz.

-En el caso de que se tratase de la señora Cullen sería conveniente que fueran al hospital, pues su estado es grave- termino de decir.

-Sí, sí, por supuesto- dice. Y reconozco la voz, es la voz del estado de shock en el que te han dado una noticia terrible que no esperabas- Gracias por ponerse en contacto conmigo y dígale al señor Cullen que viajaremos lo antes posible.

-Por supuesto- contesto.

Entro en la habitación y le digo que la hermana de la señora Cullen vendrá.

En ese momento su madre vuelve a la habitación y antes de que se siente en el sillón de al lado de la cama, su teléfono suena. Ambos se miran el uno al otro, sabiendo que tras esa llamada está la noticia que llevan esperando todo el día.

-Carlisle- contesta su madre. Su cara va cambiando desde la curiosidad hasta el escepticismo, pasando por la tristeza y la desolación. Asiente varias veces con la cabeza y finalmente cuelga.

-Edward- dice llorando desconsolada mirándole.

-¿Qué pasa? ¿Por qué te pones así?- Ellos comparten una mirada totalmente significativa.

- Oh no, no, no ¡NO!- dice agarrándose el cabello y tirando de él furiosamente- ella no- dice llorando- Mamá…- dice desconsolado abrazándose con dolor a su madre. Ella también llora desconsolada mientras le acaricia el pelo, intentando ofrecerle un pequeño consuelo. El señor Cullen llora ruidosamente a la vez que los espasmos se adueñan de su cuerpo.

-Sí, era ella- le dice su madre en voz baja.

Siento como trago en seco. No puede ser verdad. Mis peores temores no pueden confirmarse.
*

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