jueves, 2 de febrero de 2012

Capitulo 20

Capítulo 20


‘’Extraño’’



BELLA PVO

-¡Mamá!- gritó mi hijo desde lo alto del tobogán. Estábamos en el parque después de haberle ido a recoger a la guardería. Pasamos por aquí con el coche y desde luego no me sirvió de nada decirle que ya jugaría en los columpios de casa, él tenía que jugar aquí con los otros niños y daba igual a qué hora llegásemos a casa o el frío que hacía en Seattle en febrero.

Llevábamos casi una hora en el parque. Él se lo estaba pasando en grande pero yo sin embargo estaba muerta de frío, sentada en un banco de hierro intentando concentrarme en la conversación con otra madre que a la vez estaba dando el pecho a su otro hijo. ¿Es que no notaba el frío?

Diez minutos después aproveche que el bebé de la otra madre comenzó a llorar para coger a Ethan y llevármele a casa. Ethan estaba muy feliz, incluso la profesora lo había notado y así me lo había comunicado la semana pasada. Y es que desde hace tres semanas la vida era más o menos como antes. Y digo más o menos porque había ciertos aspectos en los que seguíamos ‘’divorciados’’.

Por las mañanas las tenía libre. Me levantaba, recogía mi piso, salía a comprar o a correr y me iba a  nuestra casa a hacer la comida. A las dos recojo a Ethan de la guardería y cuando vuelvo termino de hacer la comida. Comemos los tres en casa y pasamos la tarde y parte de la noche juntos, los tres. Pero  media hora después de que Ethan se hubiese dormido yo me volvía al piso para comenzar un nuevo día.

Había ciertos momentos en los que me aburría, más concretamente por las mañanas. Como la agencia nos informó en su momento, el que no hiciese el curso en Nueva York perdería su trabajo. Y dicho y hecho, nada más volver de Forks recibí un e-mail comunicándome que no me molestase en volver porque ya no tenía trabajo y que me mandarían el cheque con la indemnización. Así que muchos días me he planteado el ir a la oficina de Edward, ‘raptarle’ para comer juntos o simplemente estar allí con él hasta que terminase de trabajar. Pero aunque nos habíamos reconciliado, sentía que aún no teníamos la confianza suficiente como para ir a su oficina.

Tenía miedo de no recuperar ese 15% de confianza y esperaba que tan solo se tratase de que aún no hubiéramos hecho el amor.

Nos quedamos en Forks un total de tres días. Fueron como unas mini-vacaciones, en las que volvimos a ser Edward y Bella cuando eran novios. Hicimos mucho turismo y también mucha terapia de pareja. Pasamos tardes y mañanas enteras hablando de lo que habíamos sentido en esta separación, de los miedos, de los errores, de las cosas que jamás queríamos que se repitiesen.

Por mucho que lo intentamos evitar, la familia se enteró de que habíamos vuelto la semana pasada. Fue el cumpleaños de Ethan, lo celebramos en casa con sus compañeros en la guardería y la familia se pasó a tomar un café por la tarde. Uno de los vasos de plástico que dimos a los niños se volcó derramando su contenido por toda la mesa, asique cogí una bayeta y comencé a limpiar el estropicio. Cuando fui a la cocina a aclarar la bayeta Edward también vino y se colocó detrás de mí intentando arrebatarme la bayeta para continuar limpiando él. Ante mi negativa rió, me acarició los brazos y me besó suavemente en el cuello mientras me susurraba ‘’ que cabezota estás hecha’’.

No tendría por qué  haber sido así pero Esme en su obsesión siempre con echar una mano, también entró a la cocina y se encontró con la escenita. Esme no dijo nada tan solo sonrió dando el visto bueno a nuestra reconciliación pero Alice también había visto todo. Otro vaso se había caído, esta vez al suelo y venía a pedirme la fregona  y siendo Alice… ¿cómo se iba a quedar callada? Imposible. Así que con un sarcástico ‘’ ¿chicos, tenéis algo que contarnos?’’ Alice nos obligó a tener una charla todos juntos en cuanto Ethan se quedó dormido, que para nuestra buena o mala suerte se durmió a las ocho porque estaba agotado. Todos lo tomaron bastante bien sobre todo Carlisle. La que peor lo aceptó fue Rose primero mosqueándose por habérselo ocultado y más tarde en privado me confesó que tenía miedo de que Edward solo me quisiese para llenar el hueco de Nicole.

Mis padres también lo sabían y estaban felices, pues eran team Edward total. Mi hermana también se alegró muchísimo por Ethan sobre todo y lamentó no estar junto a mí en estos momentos pero el médico la había recomendado no viajar durante el embarazo.

Vivíamos felices y despreocupados salvo por una cosa… Nicole. Estaba desaparecida en combate, no sabíamos nada de ella. Alice había llamado a su consulta y no contestó nadie. Nunca contesta nadie y eso que llama en horas laborables y desde número oculto.

Al volver de Forks, cada uno en su coche, nos encontramos con la casa recogida, no se parecía en nada a la última vez que había estado aquí. No quise preocupar a Edward y no le comenté nada al respecto.

Ahora estaba aparcando el Porsche Cayenne en el garaje junto al volvo de Edward, señal de que ya estaba en casa.

Genial Bella, tu marido llega a casa y su mujer no está, su hijo tampoco, la comida tampoco… conociendo a Edward seguro que estaría poniéndose en lo peor.

Cogí las bolsas de la compra del maletero y me dirigí al interior de la casa. Hice malabares para mantener el equilibrio mientras me descalzaba y me ponía unas zapatillas para estar en casa y a la vez sujetaba las bolsas con la comida.

Extrañada por no oír ningún sonido en casa dejé las bolsas de la compra en la cocina y me dirigí al salón donde tampoco había nadie. En esa planta solo me quedaba el despacho de Edward. Corrí las puertas y efectivamente ahí estaba Edward, mirando algún documento sobre la mesa que yo no alcanzaba a ver. Tenía la mano izquierda apoyada en su cabeza y el ceño fruncido. Cerré las puertas sigilosamente y me acerqué despacio al escritorio.

-¿Cariño?- Edward levantó la vista y se me quedo mirando fijamente sin ninguna expresión en el rostro.- ¿ocurre algo?

-Ven aquí- me dijo con voz contenida, seca y cortante.

Me acerqué hasta quedar a su izquierda pero sin rozarle. Miré ‘los documentos’ que estaban en la mesa, no eran documentos .Eran algunas de las fotos rotas que había esparcidas por toda la casa cuando vine buscándole hace tres semanas.

-¿Qué es esto?- me preguntó levantándolas de la mesa y acercándoselas un poco más. Me miró esperando una explicación.- Si no querías volver conmigo deberías haberlo dicho, pero no romper los recuerdos.

-¿Edward qué estás diciendo? ¿Crees que he sido yo la que ha roto nuestras fotos?- él no apartó la mirada calculadora de mí- ¿en serio?- le pregunté indignada y dolida. Mis ojos se empezaron a aguar. De acuerdo que la confianza era muy débil pero no para dudar que quería estar de nuevo con él.

-¡Pues dame una explicación razonable sobre esto!- me gritó levantándose de la silla.

-¡Pues no es una explicación razonable pero si tengo una suposición!- le grité golpeándole con mi dedo índice en su pecho.

-Te escucho- dijo algo más calmado.

-Cuando vine aquí a buscarte, al borde de un ataque de nervios y con el miedo y la vez esperanza de encontrarte aquí con ella, al abrir la puerta vi todo esto. El recibidor estaba lleno de fotos rotas, el salón… y ¡dios! Al principio pensé que fuiste tú pero luego recordé que Alice había estado aquí antes y que no me había mencionado nada, así que asumí que fue Nicole.- Edward bajó la mirada y se rascó suavemente la mandíbula.

-¿Y por qué no me lo has dicho?- espetó mirándome fríamente.

-Porque no quería preocuparte, porque Nicole no ha dado señales de vida y pensé que ya no tenía importancia.- expliqué.

-¿Qué todas nuestras fotos estuviesen rotas no tenía importancia?- me preguntó de forma ácida. Comenzó a acercarse más a mí y movida por un instinto de autoprotección di dos pasos atrás que no pasaron desapercibidos para Edward.

-Tan… solo no quería preocuparte. No quería que volvieras a estar tan mal como cuando te encontré en Forks.- confesé.

-Pues entonces sí deberías habérmelo contado Isabella, porque ¿sabes el motivo por el cual estaba así?- se acercó a mí nuevamente pero con pasos decididos y lentos- por ti- dijo a escasos centímetros de mí.-por cómo se habían torcido las cosas, por ver que yo había jodido las últimas esperanzas de volver estar juntos.-

-Lo siento Edward…-

-No creo que haya sido Nicole- ignoró mi disculpa y en respuesta se alejó hasta volver a sentarse en el sillón detrás del escritorio.

-¿Estás dudando de mí?- pregunté enfadada, dolida e indignada. Me coloqué delante de él, apoyando las manos en el escritorio, que era lo único que nos separaba.

-Es que quieres que confíe en ti pero no me cuentas las cosas. La primera prueba que se nos pone en el camino y  fallas- dijo negando con la cabeza y mirando hacia su regazo.

-Edward… soy consciente de que la confianza va a tardar mucho en llegar pero te pido perdón por no contártelo al querer protegerte y también te pido que me creas en lo respectivo a Nicole.- supliqué.

-No…- comenzó a decir. Pero no le dejé terminar y me dirigí hacia las puertas rápidamente.

-¿No?, ¿me estás diciendo que Nicole no está mal de la cabeza?- le grité.

-No estaba diciendo eso Bella, ¡y soy el primero que piensa que Nicole debería estar en  un centro psiquiátrico!- gritó en la última parte.

-Sabes Edward… me da igual. ¿Ves porqué no quería que Ethan se entere? Por esto. Ahora si me permites me voy a hacer la comida a mi hijo- dije saliendo del despacho en dirección al dormitorio donde ya tenía la ropa suficiente como para quedarme a dormir. Me puse un pantalón de Yoga y una camiseta larga y holgada que usaba siempre para cocinar.

Ethan estaba viendo la tele en la cocina mientras yo preparaba la comida pero Edward no ha dado señales de estar en casa si quiera. Estaba añadiendo los fideos a la sopa cuando unas manos grandes y fuertes me agarraron las caderas.

-Lo siento- me dijo en un susurro. Note su suave cabello en mi cuello y en mi clavícula y deduje que tenía la cabeza apoyada en mi espalda. Iba a volverme para hablar cara a cara cuando sentí un beso en mi omóplato.

Una vez cara a cara sus manos no soltaron mis caderas y su mirada estaba fijas en ellas.

-Yo también lo siento. Debería habértelo contado. Tienes razón la primera prueba y la fallo, lo siento- dije acariciando su brazo derecho- quizás estamos yendo muy deprisa. Puede que no estemos preparados para confiar el uno en el otro todavía.- subió su mirada llena de alarma y angustia hasta encontrarse con la mía.

-¿Bella qué estás diciendo? ¿Quieres... no quieres… intentarlo?- me dijo clavándome su mirada.

-Edward pues claro que quiero- confesé con una sonrisa mientras le acariciaba en rostro- pero ya sabes a quien temo dañar- le recordé moviendo su cabeza hasta que su vista se fijó en Ethan que estaba absorto viendo los Simpson.

-No le vamos a dañar te lo prometo- dijo volviendo a fijar su vista en mi. No estaba prometiendo solo no dañar a nuestro hijo, sino que también prometía que lo nuestro iba a llegar a buen puerto.

Acerqué mi rostro al suyo para darle un suave beso en los labios, pellizcando sus labios con los míos suavemente. Terminamos nuestro beso pero sus manos continuaron en mis mejillas.

-Gracias- dije.

-¿Por qué?- preguntó acariciándome debajo de los ojos con sus pulgares.

- Por confiar en mí aunque no sea a la primera.- contesté.

-Tenemos que trabajar en eso ¿no?- asentí con una sonrisa. Estaba embobada en mis pensamientos cuando un estruendoso sonido hizo que volviera a mí. La sopa había rebosado y estaba cayendo encima de la vitrocerámica.

-Mierda la sopa- grité mientras me daba la vuelta y bajaba el fuego. Escuche a Edward soltar una risita. Se quedó a mi lado apoyado en la encimera sin perder detalle de mis movimientos.

-También yo he suspendido la prueba.- dijo tras estar callado varios minutos. Le mire sin comprender- a la mínima  desconfié de ti.

-¿Por qué piensas que no ha podido ser Nicole?- pregunté mientras ponía más filetes de lenguado en la sartén.

-Porque si tú viste las fotos el mismo día que llegaste a Forks yo ya llevaba allí dos días y nadie más ha entrado en casa hasta que viniste tú.

-Vino Alice- Edward rodó los ojos en señal de que era imposible que Alice hubiese hecho eso.

-No sé quién habrá sido. No descarto la idea de Nicole pero sería prácticamente imposible ella no tiene la llave de casa- de cierta manera eso me hizo sentir mejor y se lo agradecí con una sonrisa. – de todas formas preguntaré a Lauren.

Dejamos la conversación cuando la comida estuvo lista. Edward puso la mesa mientras yo recogía un poco el fregadero y abría la ventana un momento para que saliera el humo y el olor a pescado.

Comimos tranquilamente y después de terminar Edward se ofreció a lavar los platos, más bien me obligó a irme al salón con Ethan. Fuimos hacia la mesa del salón que usábamos solo para ocasiones especiales y coloqué a Ethan en mi regazo para poder pintar los dos. Poco a poco Ethan fue pintando menos hasta que se quedó dormido en mi pecho como cuando era un bebé. Le llevé hacia el sofá más pequeño que era de dos plazas, y le cubrí con una manta.

Edward llegó poco después y vi la incertidumbre en su mirada. No sabía si sentarse a mi lado en el sofá o dejar un hueco libre y sentarse al otro extremo. Era una tontería pero en cosas pequeñas como estas eran en las que más notaba la falta de confianza.

Le animé a sentarse a mi lado palmeando el sitio de mi lado con una sonrisa que él me devolvió. Pero me sorprendió cuando en vez de limitarse a sentarse a mi lado y pasar un brazo por mis hombros, se tumbó a lo largo del sofá y apoyó la cabeza en mi regazo.

Ambos mirábamos la tele sin prestarle demasiada atención. Él acariciaba con su dedo índice mi rodilla y yo introducía suavemente mis dedos en su pelo y los sacaba quitando los pequeños enredos que pudiese tener.

Así pasamos gran parte de la tarde hasta que Ethan comenzó a revolverse en el sofá contiguo y se levantó pidiendo la merienda. Como cada día después de la siesta Ethan se levantaba con las pilas al 100% y se proponía agotar a su padre. Se pasó la tarde corriendo y chillando por toda la casa mientras que intentaba esquivar a Edward. Yo aproveché y me metí al despacho de Edward para buscar trabajo desde su portátil. A Edward no le parecía bien que despidiesen gente solo por no hacer un curso, el cual estaba lejos de la ciudad en la que vivimos y duraba medio año, algo incompatible con una persona que como yo tuviese familia. Al parecer no había trabajo ni traduciendo los carteles publicitarios al sistema braille.

Cenamos entre risas y sin perder ojo a Ethan que no hacía más que levantarse para irse al salón a jugar, así que a Edward y a mí nos tocó turnarnos para comer con él cogido. Nos costó sudor, lágrimas, sangre… hasta lo impensable para que se durmiera. A partir de hoy la siesta iba a durar una hora como mucho pues luego no había fuerza humana que le metiese en la cama.

Edward y yo nos dirigimos al dormitorio como cada noche y era curioso que mientras él se ponía el pijama yo me volvía a poner la ropa de calle excepto los zapatos.

Una vez acostados en la cama, él dentro y yo fuera encima del edredón, comenzó a besarme la curva del cuello desde la oreja hasta la clavícula poniéndome la piel de gallina a su paso.

-Quédate- me pidió contra mi hombro derecho. Y es que no había noche que Edward no me intentara convencer de quedarme junto a él en la cama. Pero ambos sabíamos lo que pasaría si me quedo a dormir en la misma cama que él y yo no quería llegar a ese punto de momento. Y después de lo que ha pasado hoy mucho menos.

-Sabes que no…- le respondí mientras bajaba mi cabeza hasta llegar a su nariz y dejar un suave beso sobre ella.

-¿Por qué no? No me digas que no tienes ropa, tienes ropa suficiente como para quedarte aquí una semana sin repetir ropa y dos si repites unos vaqueros y una camiseta.

-Vaya has echado las cuentas…- dije sorprendida para darle un beso en la boca. Él profundizo mucho más el beso hasta introducir su lengua y comenzar a jugar con la mía. Paró un pequeño instante para coger aire.

-Ya sabes cómo soy… que a mi chica no le falte de nada.- los ojos se me aguaron al volverme a llamar mi chica. Hacía mucho que no me lo decía, creo que desde que nació Ethan. Entonces pasé a ser la mujer que le dio el mayor regalo del mundo. Aunque yo estuviese perdida en mis pensamientos Edward no perdió el tiempo para nada y sin darme cuenta estaba encima de mí besándome con fuerza pero sin ansiedad. Sus manos bajaron por mis costados de forma lenta pero acariciando todo lo que estaba a su paso. Al pasar por mis pechos estiró sus pulgares al máximo hasta que tocó la parte inferior de mis pechos. Inevitablemente al instante mis pezones se irguieron pero no era visible a simple vista debido al sujetador grueso que llevaba. Edward siguió besándome cada vez más hacia el sur por encima de la ropa hasta que llegó a la altura del ombligo.

Metió su mano por debajo de mi chaqueta y mi camiseta acariciando en círculos esa zona. Fue subiendo poco a poco la mano hasta llegar a la unión de las dos copas de mi sujetador. Metió otra mano por debajo de mi camiseta hasta que ambas manos estuvieron encima de cada copa. Bajaron un poco hasta el borde del sujetador y comenzaron a introducirse poco a poco bajo este. Edward sabía cómo tocarme y donde tocarme. Ambos dedos corazones  acariciaban suavemente pero sin descanso mis pezones.

Por primera vez desde que habíamos empezado con esta sesión de sexo con ropa Edward levantó su mirada hasta unirla a la mía y sus ojos reflejaban deseo, deseo contenido y a punto de explotar.

Sacó sus manos de debajo de mi sujetador y las puso encima de mis pechos pero por encima de la ropa. Con un gemido mitad gruñido le indiqué que no me gustaba que hubiese parado de acariciarme el pecho. Con una sonrisa ladeada abrió los primero botones de mi chaqueta y bajó los tirantes de mi camiseta hasta dejar mi sujetador negro totalmente a la vista.

Beso el borde de las copas del sujetador haciéndome estremecer. Bajó los tirantes del sujetador y más tarde las copas hasta liberar mis pechos que ya estaban erguidos. Estos saltaron al verse liberados ofreciéndose casi de manera voluntaria a ser besados por Edward.

Edward comenzó a besar mi pezón derecho y a dar suaves lametones con forma de círculo sobre él. Pellizcó un poco el otro pezón haciendo que el calor que sentía en mi pecho bajase hasta mi vientre. Apreté inconscientemente mi vagina en señal de placer y elevé las caderas aumentando el roce con el cuerpo de Edward.

Este sintió mis caderas y cambió su boca hacia el otro pezón mientras una mano bajaba desde mi pecho hasta mi sexo. Cuando llegó allí pasó una mano por encima de los vaqueros ejerciendo un poco de presión pero que me hizo soltar un jadeo. Edward levantó su cabeza de mi pecho y me beso ahora sí de forma furiosa. Mi deseo estaba incontrolable y le agarré fuertemente del pelo para evitar que se alejase de mí con una mano y con la otra bajé por su torso tocando todo lo que pillaba a mi alcance en el camino hasta la parte más ardiente de su anatomía. Pasé la mano suavemente por encima de su pene aún teniendo capas de ropa encima pude apreciar su dureza. Soltamos ambos un jadeo y cuando menos me lo esperaba se levantó de encima de mí y se puso a mi lado. Pasó un brazo por debajo de mi cabeza y la mano acariciaba mi pecho izquierdo que aun estaban expuestos a su voluntad.

-¿Y ahora?, ¿te quedas a dormir?- me preguntó sonriendo.

-Nop- dije en venganza por haber parado en la mejor parte. Me levanté de la cama pero antes de poder ponerme en pie Edward estaba pegado a mi espalda. Podía notar lo duro que seguía estando ya que su pene estaba justo a mitad de mi espalda. Las hábiles manos de Edward se metieron por dentro de mi ropa de nuevo hasta llegar al enganche de mi sujetador. Yo estaba atónita y no me di cuenta de nada hasta que saco mi sujetador completamente y lo zarandeaba con un dedo en el aire.

-¿Qué haces?- le pregunté divertida.

-Si no te quedas a dormir muy bien. Pero con esto- dijo oliendo mi sujetador- me quedo yo.- solté un bufido que solo provocó una sonrisa en su rostro- protégelos bien, son míos- dijo refiriéndose a mis pechos mientras los agarraba fuertemente desde atrás. Solté un gemido de dolor y placer cuando aprisionó mis pezones entre sus dedos como si fuesen plastilina. Di por finalizada nuestra sesión de meter mano cuando comenzó a abrochar los botones de mi chaqueta cubriendo mis pechos completamente. Abrochó todos los botones incluso los que yo siempre dejaba abiertos para no agobiarme.

Me levanté de la cama frustrada sexualmente y me puse los zapatos. Me iba a ir sin despedirme a posta por parar cuando más necesitaba estaba. Por dios llevaba nueve meses sin sexo, sin ser tocada, ni siquiera me había dado pacer a mí misma. Era como encender la mecha de un petardo y apagarla justo antes de que llegase a tocar la pólvora.

-¿Te pensabas ir sin despedirte?- me preguntó mientras me agarraba de un brazo y me pegaba a él haciéndome sentir de nuevo su erección. Mis planes eran un simple beso pero Edward decidió profundizarlo más. Mientras nuestras lenguas tenían una batalla en nuestras bocas sus manos bajaron a mi trasero y lo apretó ligeramente. Lo empujó hacia su cadera haciéndome sentir aun más su erección. Nos separamos cuando vimos que volvíamos a perder el control y después de varios besos más me dejo ir. Cuando llegué a mi apartamento tuve que hacer algo que no hacía desde hace años… darme una ducha fría.

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Pasó una semana después de nuestra sesión de casi sexo. Hoy Edward había mandado cambiar la cerradura de la puerta principal en el caso de que Nicole se hubiese hecho con una copia de la llave.

Nuestras sesiones de casi sexo eran obligatorias diariamente mientras Ethan dormía la siesta y por la noche cuando dormía plácidamente. Jamás llegamos al sexo completo, vamos sin penetración. O sin penetración de su miembro. Había olvidado lo bien que se le daba a Edward masturbarme, sabía donde tocar y eso me volvía loca. También había olvidado lo largo y ancho que era su pene. El otro día mientras me arreglaba para ir a casa de Alice, él se estaba bañando. Ambos estábamos en el baño perdidos en nuestros pensamientos hasta que salió de la ducha, obviamente desnudo. Edward podía presumir de muchas cosas, pero sobre todo podía hacerlo de tener un pene enorme.

Ahora estaba en casa sola con Ethan. Edward había venido a comer y se había ido a una reunión que le había surgido a última hora y Ethan estaba dormido. Asique yo estaba en el sofá con la tele encendida pero leyendo un libro. Un gran estruendo me hizo salir de mi tranquilidad y el cuerpo se me quedó paralizado por un momento. Salí al recibidor pero no vi nada, subí las escaleras en dirección a la habitación de mi hijo con el móvil en la mano. No lo iba a negar, estaba cagada de miedo.

Entre al cuarto de mi hijo que estaba en penumbras pero pude divisar el cuerpo de Ethan debajo de las mantas y otro cuerpo, de un adulto a su lado. El miedo dio paso a la ira y sin querer mis manos se convirtieron en puños.

-Nicole- susurré apretando los dientes.

-Hola Isabella- me saludó tan tranquilamente.

-¡Sal ahora mismo del cuarto de mi hijo! ¡Sal de mi casa!- le dije histérica en susurros.

-¿No crees que Edward y yo, bueno más bien nuestros genes, dan lugar a niños hermosos?- preguntó acariciando la cabeza de mi hijo- y no es tu casa, es mía. Te pido por favor que te vayas, Edward volverá en un par de horas y no quiero que se altere al verte aquí.

¿Pero qué cojones estaba diciendo? Definitivamente Nicole estaba loca, pero loca de verdad.

-¿Pero qué estás diciendo? Ethan es nuestro hijo, mío y de Edward. Y esta casa no  es tuya es nuestra.- le aclaré en un susurró. Cada vez me estaba poniendo más nerviosa.

Me acerqué a ella y con más fuerza de la necesaria la agarré el brazo y la llevé fuera de la habitación de Ethan. Tenía la mirada perdida y parecía que no era consciente de la realidad. La di un tortazo con todas mis fuerzas poniendo en él toda la rabia y la ira que está mujer me producía. Parece que el tortazo la despertó de su aturdimiento y me miró con una mirada desquiciada, tenía los ojos fuera de sí y un estremecimiento me recorrió el cuerpo. Mi instinto me decía que huyera ahora que podía peor mi conciencia sabía que no podía hacer eso y dejar a mi hijo aquí a su suerte.

Me devolvió el tortazo, ese y otros más junto con alguna patada en el estómago. Mi mente inmunizó el dolor y ahora solo podía pensar en Ethan quería correr a su habitación y abrazarle para asegurarme de que no le iba  a pasar  nada o coger mi móvil y llamar a Edward y que viniera inmediatamente, pero tampoco era posible porque mi móvil había caído al suelo en uno de los intentos por defenderme de los golpes, en el suelo del piso de arriba. Ahora estábamos en las escaleras.

-Te dije que no te metieras, que Edward era mío. Intenté que Edward te odiara pero no lo conseguí, intenté que lo odiaras a él cuando vieras que intentaba quitarte a tu hijo pero tú volviste a sus brazos. Intente hacerle ver que su vida sin mí era una cosa sin sentido pero viniste tú y lo jodiste todo. Tú. Sobras.- me empujó hacia atrás haciéndome caer de culo al escalón de detrás de mí, no rodé pero me quedé recostada en el escalón demasiado tiempo. Ella aprovechó este tiempo para tomar ventaja y me puso uno de sus zapatos de tacón en mi cuello. Cada vez aumentaba más la presión sobre mi garganta. La visión se me volvía negra por momentos y lo último que oí fue un ‘’adiós Isabella’’

De un momento a otro un ruido de algo que caía me sacó de la inconsciencia y al mirar hacia abajo me encontré con el cuerpo de Nicole rodando escaleras abajo. Paró al llegar al final de las escaleras, cerré los ojos respirando tranquilamente. Hasta que la cordura legó a mí y recordé a mi hijo.

Me levanté de golpe ganándome un mareo y teniendo que apoyarme en la barandilla para no caerme. Mi vista cada vez estaba más entonada, notaba que volvía a la vida cada vez más. Miré el escalón en el que me encontraba antes, donde creí que iba a morir y me encontré con la persona que menos espere que me pudiese defender de Nicole.

Ethan. Mi pequeño bebé me había salvado, tenía lágrimas en las mejillas y se sorbía la nariz ruidosamente.

Me acerqué a él y le abrace.

-Mami, mami, mami… repetía llorando una y otra vez.

-Shh estoy bien cariño- dije con dificultad- gracias mi amor, me has salvado cariño.

-¿Entonches no me vais a castigar por empujar a Nicole?- preguntó mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Le volví a abrazar, sino fuese por él ahora mismo no sé qué sería de mi.

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